Ya en la avenida, Marcos toma de su mano y de forma cariñosa deposita un beso en la parte superior de esta. Julie desvía la mirada de las calles de la ciudad, para observar a Marcos y sonreír ante su gesto.
—Por favor, dime ¿Qué deseas conocer primero? —Le sonríe— ¿La catedral? ¿O las plazas y tiendas de sus alrededores?
Julie le devuelve la sonrisa y con su lindo gesto pensante, se decide qué conocer.
Aunque, primero le pregunta:
—¿Tú qué me sugieres?
Marcos deja de mirarla para observar con detenimiento hacia el tránsito.
—Todo en realidad. Desde las galerías de arte, hasta los museos. Milán tiene muchos lugares asombrosos, como los sitios más lujosos hasta los más cálidos y naturales. Como también lugares muy antiguos, no por algo Italia es el país con más patrimonios de la humanidad cuando de obras arquitectónicas se trata.
Julie suspira encantada y musita:
—Uy… ¡En eso tienes toda la razón! Creo que en efecto, me e sacado la lotería con este muy bien informado guía turístico.
Marcos suelta una carcajada.
—Ya vez… —El susurra y vuelve a tomar de su mano.
Julie vuelve la vista al frente y se queda viendo las edificaciones. Sin duda alguna, en Milán no prevalecen los grandes rascacielos, de hecho, son muy pocos los que logra ver. Tal cosa es muy común en toda Europa, pero qué bonito es presenciarlo en esta está ciudad.
Y animada, ella susurra en un hilo de voz:
—¿Por qué mejor no me sorprendes?
—¡Hecho! —El asiente con vehemencia.
Minutos después, Marcos estaciona el auto antiguo de su padre frente a la catedral y Julie al nada más ver aquella impresionante arquitectura, palidece.
—¡Oh por Dios! Marcos, esto es…
—Una belleza ¿Cierto? —El sonríe, a lo que ella aprieta de su mano, la cual, él aún sostiene con fuerza.
No ha querido soltar de ella, no ha podido. Le gusta como se sienten sus manos entrelazadas.
Juntos caminan tomados de la mano hacia la catedral y ambos se persignan al ingresar al majestuoso lugar.
Tomando asiento en una de las bancas, uno al lado del otro, Marcos le pregunta:
—¿Y qué te trajo a Milán? —El frunce el ceño al ver su expresión— ¿Se puede saber?
—El engaño de mi ex novio. —Julie dice sin más y sin pelos en la lengua— Me traicionó con una de mis compañeras de trabajo, lo hacía desde hace cinco meses.
—Oh, vaya… Lo siento mucho, Bellísima.
—Yo también lo lamento, sobre todo, por los casi cuatro años de mi vida que desperdicie en una persona que no lo vale —Ella traga con fuerza al sentir el nudo en su garganta—. Una persona que no supo valorar lo que tenía. Años que jamás volveré a recuperar.
Marcos asiente y de repente sonríe.
—En definitiva, no los vas a recuperar, pero sí puedes mejorar los venideros —El suspira—. Ten paciencia Julie. El tiempo de Dios es perfecto. Te lo aseguro.
—Gracias… —Sonríe.
Ambos dejan de mirarse para volver la vista al frente. La estructura de la hermosa Catedral es una obra maestra. Una majestuosidad.
Sus detalles, sus acabados, cada centímetro que lo asemeja, es como si hubiese sido hecho por los Dioses del Olimpo.
—No puedo dejar de observar este lugar, Marcos. Gracias…
Julie vuelve la mirada hacia él y se lleva la sorpresa de que su profunda mirada, ya está sobre ella.
Y desde hace ya, largos minutos.
El no ha dejado de mirarla desde que ella dejó de hacerlo, para observar la catedral. Marcos ya conoce toda la edificación de principio a fin. Y aunque nunca se cansa de verla, hoy no tiene intención de hacerlo. Ya que su mirada, no puede abandonar a la hermosa mujer que tiene a su lado.
Mucho menos ahora, que sabe la razón por la que ella escapó de su ciudad natal.
«¿Por qué?
Porqué ella es… Tan…»
Apretando de su mano, Marcos sale de sus pensamientos al escuchar:
—¿Traes mi collar? —Le sonríe— Veo que tienen agua bendita por allá —Ella hace un ademán con la cabeza—, Quisiera mojarlo en ella.
Marcos comienza a pestañear de manera consecutiva. Y, cubriéndose el rostro con ambas manos, demuestra lo evidente.
Lo olvidó. A propósito.
Pero no lo demostrará ante ella.
—No. Lo siento… Salí muy de prisa esta mañana de mi casa —Miente en eso último. Y luego no puede evitar sentir remordimiento al ver la tristeza en el rostro de Julie—. Pero podemos buscarlo ahora mismo si gustas. Tenemos tiempo, la catedral la cierran a las seis, podemos volver a tiempo.
Ella se muerde el labio inferior y ladeando la cabeza, susurra:
—No creo que eso sea prudente. Que vaya a tú casa…
Marcos sonríe hasta con la mirada y acercándose a ella, le dice al oído:
—¿Tienes miedo de mí?
Julie palidece por una milésima de segundo, para luego musitar:
—¡Estás loco! ¿De qué hablas? —Su sonrisa lo manda directo al sosiego y Marcos acaricia su mejilla.
—Entonces… Tengo la excusa perfecta para otra cita.
—¿Qué? —Ella lo mira a los ojos totalmente sonrojada.
—Dame otra cita. —La mirada en Marcos se profundiza y Julie siente como su corazón late con fuerza.
—Estoy pensando que lo olvidaste a propósito.
—Piensa lo que quieras, pero insisto. Por favor, dame otra cita.
—¿Por qué querrías otra cita conmigo?
—¿Y por qué no? —Frunce el entrecejo.
Julie desvía la mirada y tomando distancia de todo él, se pone de pie a lo que Marcos la sigue inmediatamente.
Tomando de su mano, el acorta la distancia y Julie siente como la punta de su nariz roza con la suya.
—Esto no está bien.
—No. No lo está. —El asiente sin dejar de mirarla en ningún momento— Pero que te alejes de mí, tampoco lo es.
«Estoy por casarme en tres semanas con una mujer que no amo y tú… Tú que me estás haciendo con solo verte a los ojos...»
—No te conozco. —Ella susurra en un hilo de voz.
—Tampoco yo. —El susurra para sí mismo más que para ella.
Ni siquiera yo me conozco Bella, no me conozco al hacer lo que haré en unas cuantas semanas.
Viendo la expresión confusa en el rostro de Julie, él se apresura a aclarar lo dicho:
—Tampoco te conozco. —Suspira— ¿Y eso qué?
—No está bien que… Solo, no lo sé. —Ella deja de mirarlo y nerviosa, comienza a mirar hacia todas partes.
«Oh Dios… Sus lindos ojos. ¡No! ¡No! Estoy loca. Sí. ¡Loca de remate!»
— ¡Ya basta de esto! —El gruñe.
Y tomando de su mano, Marcos camina a toda prisa saliendo de la catedral junto a ella en su costado y, ya en las puertas de la inmensa estructura, gira a Julie con todas sus fuerzas para que esta quede frente a él y tirando de su mano, ella choca contra su amplio pecho mientras un gemido por la impresión la abandona.
Marcos envuelve sus manos en un abrazo en la parte baja de su espalda y acercando el rostro, se apodera sin previo aviso de los hermosos labios de la mujer que tiene en sus brazos.
Los ojos de Julie se abren inmensamente por la sorpresa, pero eso no dura mucho al sentir la suavidad con la que Marcos la besa. Nunca, jamás, nadie le había dado un beso de esa manera. Su boca carnosa y jugosa se abría paso ante la de ella y su lengua habida y experta se encontraba con la suya.
Ella cierra los ojos ante la intensidad del momento y rodea con sus manos el cuello del hombre más dulce, guapo y elegante que alguna vez en su vida, teme volver a conocer.
«No… No vine a Italia para esto. No vine para aventurarme con un hermoso italiano. Vine para olvidar mi pasado.»
Suspira ante sus pensamientos.
«¿Es que acaso así es como he de olvidarlo? Yo no busqué esto de todos modos.»
Su mente deja de funcionar cuando una de las manos de Marcos abandona su cintura y acaricia su mejilla.
El intenso beso y momento, finaliza.
—Acéptame otra cita. —Susurra entre sus labios a lo que Julie abre los ojos muy lentamente.
—Yo no vine para estas cosas… No vine aquí para…
Ella pierde la voz al sentir la caricia de Marcos sobre su cuello.
—¿Para qué? —El suspiro y el choque de su aliento contra su piel la paraliza por completo— ¡Dime! —Exige.
—Marcos…
—¿Sí? —El susurra en su oído mientras le acaricia la mejilla con la punta de su nariz.
Julie traga saliva y temblorosa, sabe que ha perdido la batalla.
Ya no importa a lo que haya venido.
Lo que sea que la ayude a olvidar su horrible pasado y fracaso amoroso, así sea por un corto tiempo, debe ser bienvenido.