Ese día, que era jueves, no disponía de ninguna distracción inesperada para incomodar al señor Jackson. Esa jornada promete ser muy apacible ya que el contrato que me habría generado más tensión, el señor Jackson lo canceló, y ahora me esperan labores relacionadas con los hoteles que planea inaugurar y dos propiedades muy solicitadas en Manhattan. Si todo fuera de esa manera, la semana próxima sería sumamente apacible, lo cual implicaría un desafío extra para incomodar al ogro que es mi jefe. Me llamó a través del intercomunicador de mi teléfono, lo que percibí analizarme con detenimiento como si querría expresar una gran sorpresa. —¡Hola, señor Jackson! ¿En qué puedo ayudarle hoy? —Voy a confiarte una tarea de gran relevancia hoy. Este me entregaba un papel que, al examinarlo, parec

