Restaurante de Elvira – Cocina, Día siguiente, 9:14 a.m. Cataleya removía la salsa en la olla con movimientos mecánicos. Había dormido poco, pero aún así estaba en el trabajo antes que nadie. Elvira, al verla llegar tan temprano, había alzado una ceja sin decir nada. Era su forma de preguntar sin hablar. —Tuve una noche larga —dijo Cataleya mientras revisaba las reservas de pan. —¿Se te quemó algo en casa? —preguntó Elvira, quitándole una bandeja para colocar en el horno. Cataleya dudó. Luego solo murmuró: —Algo así. Aferró la cuchara con más fuerza. Aún sentía en la palma la medalla que Matteo le había entregado, ahora guardada en su pequeño bolso, bien oculta, como un secreto precioso. No había querido hablar con nadie de aquello. Ni con Leo, que la notó más callada, ni con Elvira,

