Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos mientras miraba por la ventana de mi dormitorio. La fiesta de la noche anterior seguía fresca en mi mente, especialmente mi encuentro con Dante Moretti. Había algo en él, algo que me intrigaba profundamente, a pesar de su actitud fría y distante. No podía sacarlo de mi cabeza, y la curiosidad sobre su pasado y su búsqueda de venganza me consumía.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de mi teléfono. Era un mensaje de Lucía.
“¿Qué tal tu día, Emma? Espero que no estés pensando en Dante Moretti… porque sabes que es peligroso.”
Sus palabras eran bien intencionadas, pero no podía evitar sentir que no entendía lo que yo sentía. Respondí rápidamente, asegurándole que estaba bien, pero la verdad era que planeaba investigar más sobre él. Algo en mi interior me decía que debía saber más, entender más.
Decidí comenzar por donde cualquier persona comenzaría en estos días: las r************* . Sin embargo, encontrar información sobre Dante Moretti resultó ser más difícil de lo que imaginaba. No tenía presencia en ninguna red social, lo cual ya era en sí mismo un misterio. La mayoría de las personas de nuestra edad no podían vivir sin ellas.
Frustrada por la falta de información, decidí probar una táctica diferente. Me dirigí a la biblioteca de la universidad, donde había archivos de periódicos y revistas. Pensé que si su familia había sido asesinada, debía haber algún registro en los medios. Me acomodé en una de las mesas y comencé a buscar en los archivos digitales.
Después de un par de horas, finalmente encontré algo. Un artículo antiguo, fechado hace unos cinco años, hablaba sobre la tragedia que había golpeado a la familia Moretti. Un incendio en su casa había matado a sus padres y a su hermana menor. El único sobreviviente había sido Dante, que estaba fuera de la ciudad en ese momento. La policía había sospechado de un acto intencionado, pero nunca se había encontrado al culpable.
El artículo era breve y no contenía muchos detalles, pero confirmaba lo que había escuchado en la fiesta. Mi corazón se apretó al leer sobre la tragedia. Ahora entendía un poco más sobre el dolor que veía en sus ojos. Pero eso solo aumentó mi curiosidad y mi deseo de ayudarlo de alguna manera.
De repente, sentí una mano en mi hombro. Sobresaltada, giré rápidamente para ver a Lucía, que me miraba con una expresión preocupada.
—¿Qué estás haciendo aquí, Emma? —preguntó, mirando la pantalla del ordenador.
Suspiré, sabiendo que no tenía sentido mentirle.
—Estoy investigando sobre Dante Moretti —admití—. Quería saber más sobre lo que le pasó a su familia.
Lucía se sentó a mi lado, su expresión pasando de preocupación a exasperación.
—Emma, ya te dije que es peligroso. No deberías involucrarte con él. No sabemos de lo que es capaz ni con quiénes está metido.
—Lo sé, Lucía, pero no puedo evitarlo. Hay algo en él… algo que me atrae. Y después de lo que descubrí, solo quiero ayudarlo. Su familia fue asesinada, y él está buscando justicia.
Lucía me miró fijamente durante unos segundos antes de suspirar profundamente.
—Entiendo que quieras ayudarlo, pero tienes que ser cuidadosa. No sabemos en qué tipo de problemas te puedes meter. Solo prométeme que serás prudente.
Asentí, sabiendo que era lo mejor que podía prometerle en ese momento. No quería preocuparla más, pero también sabía que no podía abandonar mi búsqueda.
***
La semana pasó lentamente. Cada día, mis pensamientos volvían a Dante y a lo que había descubierto. Sabía que mi investigación no estaba completa, pero también sabía que necesitaba confrontarlo para obtener más respuestas. Decidí que la próxima vez que lo viera, intentaría hablar con él de nuevo, con la esperanza de que esta vez estuviera más dispuesto a abrirse.
La oportunidad llegó un viernes por la noche. Había una pequeña reunión en un club nocturno cerca del campus, y supe por Lucía que Dante estaría allí. A pesar de las advertencias de mis amigos, me preparé y me dirigí al club, decidida a hablar con él.
El club estaba lleno de gente, la música era ensordecedora y las luces parpadeaban en sincronía con el ritmo. Me abrí paso entre la multitud, buscando a Dante. Finalmente, lo vi en una esquina, hablando con un grupo de personas que no reconocía. Su presencia era inconfundible, incluso en un lugar tan lleno de vida y ruido.
Tomé aire profundamente y me dirigí hacia él. A medida que me acercaba, noté algo extraño en su comportamiento. Parecía tenso, como si estuviera en alerta. Cuando finalmente llegué a su lado, él me miró con una mezcla de sorpresa y desagrado.
—Emma, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó, su voz apenas audible sobre la música.
—Necesito hablar contigo, Dante. Por favor —respondí, tratando de mantener mi voz firme.
Él me miró fijamente por un momento antes de asentir y hacer un gesto para que lo siguiera. Me llevó a una parte más tranquila del club, donde la música no era tan fuerte y podíamos hablar sin tener que gritar.
—¿Qué quieres, Emma? Te dije que te mantuvieras alejada —dijo, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Lo sé, pero no pude. Necesito saber más sobre lo que pasó con tu familia. Quiero ayudarte —dije, mirándolo directamente a los ojos.
Dante suspiró y se pasó una mano por el cabello, claramente frustrado.
—Emma, esto no es asunto tuyo. No entiendes en qué te estás metiendo.
—Entonces explícame, Dante. Déjame entender. No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo lo que te pasó y no hacer nada —insistí.
Él me miró por un largo momento, sus ojos llenos de una mezcla de dolor y algo más que no pude identificar.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero no aquí. Ven conmigo.
Salimos del club y nos dirigimos a una calle lateral más tranquila. Caminamos en silencio durante unos minutos, la tensión palpable en el aire. Finalmente, Dante se detuvo y se volvió hacia mí.
—Mi familia fue asesinada por una organización criminal —comenzó, su voz baja y cargada de emoción—. No sé quiénes eran ni por qué lo hicieron, pero estoy decidido a encontrarlos y hacerlos pagar.
—Lo siento tanto, Dante —dije sinceramente—. No puedo imaginar el dolor que debes sentir.
Antes de que pudiera responder, noté algo en el rabillo del ojo. Un hombre se acercaba a nosotros rápidamente, su mano escondida bajo su chaqueta. Un instinto visceral me hizo actuar.
—¡Cuidado! —grité, empujando a Dante hacia un lado justo cuando el hombre sacaba un cuchillo y se lanzaba hacia él.
El atacante falló su golpe gracias a mi intervención, y Dante reaccionó rápidamente, derribando al hombre al suelo con un golpe preciso. La pelea fue breve pero intensa, y en cuestión de segundos, el atacante estaba inconsciente en el suelo.
—¿Estás bien? —pregunté, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho.
—Sí, gracias a ti —respondió, su voz tensa—. ¿Estás herida?
Negué con la cabeza, todavía en shock por lo que acababa de suceder. Dante se agachó para revisar al hombre, encontrando una identificación que confirmó sus sospechas.
—Es uno de ellos —murmuró—. Me han estado siguiendo.
Sentí una oleada de miedo y adrenalina al escuchar eso. Estábamos en peligro real, y mi decisión de acercarme a Dante había aumentado ese peligro exponencialmente.
—Tenemos que irnos de aquí —dijo, levantándose y tomando mi mano—. No es seguro quedarnos.
Corrimos por las calles oscuras hasta llegar a un pequeño parque desierto. Nos detuvimos para recuperar el aliento, y Dante finalmente soltó mi mano, mirándome con una mezcla de gratitud y frustración.
—Emma, no deberías haberte involucrado en esto. Es demasiado peligroso —dijo, su voz llena de preocupación.
—No podía simplemente quedarme al margen. No después de saber lo que estás pasando —respondí, sintiendo una oleada de determinación—. Quiero ayudarte, Dante. Sé que es peligroso, pero estoy dispuesta a correr el riesgo.
Él suspiró, su expresión suavizándose un poco.
—Eres increíblemente terca, ¿lo sabes? —dijo, una leve sonrisa curvando sus labios.
—Me han dicho eso antes —admití, sonriendo también—. Pero no puedo evitarlo. Cuando algo me importa, no me doy por vencida fácilmente.
Dante se quedó en silencio por un momento, sus ojos fijos en los míos. Podía ver el conflicto en su mirada, la lucha interna entre protegerme y aceptar mi ayuda.
—Está bien —dijo finalmente—. Si realmente quieres ayudarme, entonces debemos hacerlo bien. No más improvisaciones ni actos impulsivos. Tenemos que ser cuidadosos y planificar cada movimiento.
Asentí, sabiendo que tenía razón. Lo que había sucedido esa noche había sido un recordatorio claro de lo peligrosas que eran las personas que estábamos enfrentando.
—De acuerdo. Haremos esto juntos, pero con cuidado —dije.
Pasamos la siguiente hora hablando sobre lo que sabía y los pasos que había tomado hasta ahora en su búsqueda de venganza. Me sorprendió lo meticuloso y determinado que era, cada detalle cuidadosamente planeado y ejecutado. Sin embargo, también me di cuenta de lo solitario que debía haber sido su viaje hasta ahora.
—¿No tienes a nadie que te ayude en esto? —pregunté.
Dante negó con la cabeza.
—No puedo poner en peligro a otras personas. Esto es mi cruzada, mi responsabilidad. Pero, sinceramente, tener a alguien con quien hablar sobre esto… es un alivio —admitió, su voz suavizando por primera vez.
Sentí un nudo en el estómago al escuchar sus palabras. Sabía que me estaba metiendo en algo grande y peligroso, pero también sabía que no podía darle la espalda.
—No estás solo en esto, Dante. Estoy contigo —dije, poniendo una mano en su brazo.
Él me miró, y por un momento, vi una chispa de esperanza en sus ojos. No importaba lo que nos esperaba, sabía que había tomado la decisión correcta. La vida de Dante había sido marcada por la tragedia y la venganza, y si podía hacer algo para ayudarlo a encontrar justicia, lo haría, sin importar el riesgo.