—Pops, tienes la peor cara de póker del mundo —Royce lo molestó. —Es mil veces mejor que ese fracasado de Hollands —declaró Huxley sin rodeos. —Sí, lo es —coincidió Micky, pero con un tono juguetón. Los ojos de Annika se abrieron al ver la actitud juguetona de su hermana, sabiendo lo que estaba insinuando. —¡McKenna! —todos los hombres gritaron en desaprobación. Madalena negó con la cabeza en silencio. —¿Cuándo se supone que regrese? —preguntó Huxley. —Umm, cinco o seis días, con suerte —respondió Annika. —Dile que venga al ático. Queremos conocerlo. Annika sonrió a su hermano mayor. —¿¡Quién lo dice!? —exclamó Beau. Huxley le lanzó una mirada de reojo a su padre. Beau gruñó, molesto con su hijo por verlo tan claramente. Se levantó para servirse otra copa. El resto de la mesa so

