—¿QUÉ? ¿Qué quieres decir con eso? ¡Mi familia tiene millones en el banco! —No, no los tenemos. —Sadie se dio la vuelta para ver a su padre salir cojeando con un bastón en la mano. —¿Papá? ¿Qué... qué te ha pasado? —exclamó, su voz llena de auténtica preocupación por una vez. —¿Qué crees que me ha pasado, estúpida niña? —gritó el señor Galloway, golpeando el suelo con su bastón de rabia. —¡Por tu culpa y tu estupidez, mi compañía se fue a la quiebra en 48 horas! ¡Lo perdí todo! La junta directiva me despidió. Me despojaron de mis activos para pagar a los accionistas. Los inversores cancelaron sus contratos uno tras otro. —Jadeaba tratando de recobrar el aliento y calmar su elevada presión arterial. —¡Todo este estrés ha cobrado su precio en mi cuerpo! —No... no puede estar pasando esto

