Bastián voló durante un buen tramo hasta llegar al pueblo de Zon. Sus alas oscuras brillaban bajo la luz del sol mientras surcaba los cielos con elegancia y determinación. Al tocar tierra firme, adoptó nuevamente su forma humana y comenzó a caminar entre las calles bulliciosas del lugar. Algunos lo observaban con temor, reconociendo al legendario guerrero que había luchado en incontables batallas; otros, en cambio, lo saludaban con respeto y admiración. Sin embargo, Bastián no estaba allí para recibir homenajes. Caminaba entre la multitud buscando a Francis, un viejo compañero de armas que había peleado a su lado en antiguas guerras. Cruzó callejones y preguntó por él. Algunos habitantes se apartaban a su paso con temor, aún influenciados por su reputación de guerrero implacable, pero otr

