Narra Luciano A pesar de estar tan nervioso, supe reaccionar ante la emergencia, mi hija no estaba en su color normal; todo pasó en cámara lenta, su boquita estaba enrojecida y sus labios hinchados, su carita preciosa cambiaba, no era ella. —¡Dame a mi hija! Al verla desvanecerse en los brazos de la niñera, supe que todo mi mundo se vendría abajo, la tomé entre mis brazos y corrí hasta la entrada principal. —¡Preparen mi auto! ¡preparen mi auto! Uno de los conductores reacciona más rápido y sube al auto, lo enciende y abre la puerta para mí, subí con mi niña en brazos tan preocupado que mi tiempo y espacio estaban distorsionados; no parecía real. —¡Dese prisa! Veía a Clara tan mal, no sabía qué hacer, su frente sudaba demasiado, le estaba costando respirar. —Calma mi amor, agua

