Cuando se crece y se vuelve más consciente de las acciones y sus consecuencias, también se desarrolla el arrepentimiento y las ganas de enmendar los errores. Si bien las cosas ya no serán como antes, si hay una posibilidad de enmendarlo, se hará. En el caso de Emely, el poder reivindicarse con Ian era algo que lograría sanar su alma. Por eso, cuando escuchó que tocaron a la puerta, sintió una gran alegría. Había preparado la cena, compró un vino y cepilló el pelaje de Niango. Para cuando Ian llegó, ya todo estaba preparado. Al abrir la puerta, su sonrisa se ensanchó y se ruborizó. Ian estaba allí, frente a ella. —Hola —saludó. —Ian, hola —Emely dejó salir un suspiro. Era raro ver que Ian estaba en su casa, en su espacio. Sus piernas largas parecían sobresalir del mueble, como s

