Por suerte el techo del camión tenía una textura corrugada o de lo contrario se hubiese resbalado porque las suelas de sus botines eran demasiado lisos, sin embargo, debía concentrarse porque estaba a punto de enfrentarse al mayor enemigo que tuvo cuando era adolescente y el deseo de finalmente acabar con él le lleno la boca de un dulzor demasiado bueno para ser verdad. – Pensé que estabas muerta. – dijo Javier riendo mientras sacaba un puñal de su bota. – Muy difícilmente van a poder matarme, tengo muchos años de vida todavía, lástima que no pueda decir lo mismo de ti. – se fue acercando cada vez más viendo a lo lejos las camionetas a toda velocidad para alcanzar el camión. – Te vi caer en las manos de los enemigos. – giro el puñal entre sus dedos. – Y me abandonaste, el hombre que de

