Al llegar al lugar fuera del centro de Roma, Zoe se sintió como una estúpida pues estuvo un par de veces en ese mismo lugar visitando parientes de Magda y justo al edificio al que se dirigieron fue donde vivieron sus tías hasta el año pasado que se mudaron, de haber sido una caricatura seguramente le habría salido humo por las orejas y espuma por la boca de lo enojada que estaba, pero mantuvo la compostura y caminó con ellos. – Mi amor, pero que guapa estás. – dijo un jovencito cuando ella iba pasando. – Gracias, pero aprende a hablar, yo no estoy guapa, yo soy una diosa y a ti te falta edad para tener un trasero como el mío. – Zoe le respondió. – Ven a probarme y no te arrepentirás. – el chico se rio y se puso a jugar con sus colegas. – Niño ¿Ya viste a mis hombres? – señaló a Mikail

