Aitana y Lucas por fin podían estar juntos, la reconciliación de Ámbar y Julián, sin duda, era la mejor noticia de todas. Aunque no para todos. Pero eso no quitaría las ganas de estar a solos y sin perder tiempo se escaparon a un hotel donde podían hacer cosas las cuales Lucas quería enseñarle a su novia. Ya había sido el príncipe azul, delicado y amorosos. Ahora necesitaba sacar ese lobo interior, enseñarle un poco del placer, de juegos entre ellos, descubrir otras formas, que él quería. Verla hacer algo que le diera vergüenza y ser él quien le dijera lo hermosa que era así. Aitana estaba sorprendida y sin querer se excitaba nada más imaginar lo que Lucas podía hacer en su cuerpo. La suite del hotel era un santuario de placer. La luz tenue de las velas proyectaba sombras en las parede

