Los días seguían pasando y con ellos, muchos acontecimientos. Ámbar empezaba a sentirse frustrada al pasar dos meses ya y no poder ver a Julián. Cada vez que le decía que tenía muchos pendientes que hacer, solo aumentaba su frustración y terminaban en una pequeña e inocente discusión. Un nuevo amanecer le daba la bienvenida, deseando que fuera un excelente día para todos. Que estuviese lleno de sorpresas. —Vamos ya, Aitana, llegaremos tarde a nuestra defensa —se quejó Ámbar llevándola por el brazo casi arrastra. —Lucas, casi no me deja dormir —musitó Aitana con sueño. —Ese idiota, en vez de ayudarte a estudiar, se puso a hacer otra cosa. —reclamó Ámbar. —Claro que no. Enzo estuvo con nosotros —se defendió Aitana. Ámbar hizo un gesto de no creerle mucho mientras seguían su camino h

