Mientras Julián tomaba un vuelo a Argentina. Cristina paseaba por el jardín de su casa, perdida en sus pensamientos. El canto de los pájaros y el suave murmullo del viento creaban una atmósfera relajante. Con una taza de té en la mano, hojeaba un catálogo de vuelos a Italia. Cada vez estaba más convencida de que tenía que viajar y hablar con su hija sobre Julián. No cabía duda de que Julián y Ámbar, tenían una relación secreta, sin ver las consecuencias de eso, en cuanto Leonel y Braulio se enterasen, no estarían contentos de que Julián, siendo amigo y socio de la familia, se atreviera a tocar a lo más preciado de Braulio. Después de pensarlo bien, decidido llamarla e interrogarla, tal vez le sacaba la verdad de una vez por una llamada. Cristina marcó el número de Ámbar y esperó a que

