SEIS

1400 Palabras
Desde que entramos a la ciudad de Los Ángeles, como si fuese una niña pequeña, estuve mirando las calles y los alrededores, como si fuese un mundo nuevo para mi. Aisha se burlaba de verme en ese modo, pero le gustaba verme contenta. Unos minutos más tarde, nos acercamos a un edificio alto, envuelto en vidrio azulado. Se alzaba imponente entre los demás y tenía una increíble entrada. —Llegamos a los Ángeles —dije emocionada, bajandome del auto en cuanto llegamos al estacionamiento del edificio. —Lo sé, este lugar es maravilloso. Voy a enseñarte todo. —No puedo esperar —dije cerrando la puerta y yendo junto con ella—. ¿Saldremos a cenar?, me muero de hambre. —Concuerdo contigo, también me muero de hambre, paramos muy pocas veces. Sin embargo, no quiero cocinar —sonreí mientras recibía mis cosas—. Mi papá debe seguir trabajando, entonces dejamos las cosas y buscamos un buen lugar. Sentí decepción en el instante. Yo quería conocer de primera impresión al señor Harvey. Me causaba mucha curiosidad como era y si realmente era como aparecía en las fotografías. —¿Tu mamá no dijo que el estaría esperándonos? —la miré, fingiendo confusión. —Si, pero conozco bien a mi padre, le abruma quedarse tanto tiempo en casa solo, que prefiere doblarse turnos, incluso cuando el mismo CEO de la empresa le dice que ser de la alta dirección tiene sus ventajas —levantó los hombros negando y me mordí el labio. Me gustaba ese lado del señor Harvey, pero también me preocupaba. ¿Acaso no lo vería mucho por su trabajo? —Si, debe abrumarlo mucho no tener compañía. —Si —sonrió con cierta nostalgia y se alejó de mi, para ir directo al ascensor. •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• No tardamos mucho en llegar al piso que Aisha había marcado en el tablero del ascensor, donde también me había sorprendido la cantidad de pisos, sin embargo, algo más se llevó mi atención. El recibidor del piso, donde habíamos llegado, estaba envuelto en un suelo felpudo de color marrón y paredes azules oscuras. Solo habían cuatro apartamentos en el piso, por la cantidad de puertas de madera doble que conté y que además llevaban su número en una placa dorada. Varias materias adornaban el espacio y un pequeño ventanal, que dejaba ver la ciudad. Estaba alucinada, si así era como se veía en ese pequeño espacio, no podía esperar a ver el del apartamento. —Ven, por aquí —llamó mi amiga, después de darme unos minutos en la vista. Ella estaba al otro lado de donde yo estaba, donde impaginaba que era su hogar. Mi boca por poco caía al suelo, al ver la amplitud del piso y el gran espacio que provocaban los altos ventanales, donde se dejaba ver la hermosa ciudad, como si fuese una pintura viviente. Exactamente eso fue lo primero que hice, asomarme por el vidrio y sin una pizca de vértigo. Estaba alucinando. Osea, sabía que el señor Harvey tenía un buen establecido trabajo y que además, había rechazado la oferta de ser CEO de la empresa en la que trabajaba por Aisha, ya que los alejaría más, pero no podía creer el lujo en el que ese hombre solo vivía. Solo el espacio de los sofás y la chimenea, podía ocupar las dos habitaciones de mi hermano y yo. Y no hablar de su decoración, tan minimalista, pero moderna, como si contratase a alguien para actualizar su espacio. Y para no ser más, la cocina, inmensamente grande y llenas de cajones, estaba ahí cerca de la sala, sin pared ni nada. El comedor estaba detrás de los sofás y en la esquina de las ventanas. —¿Encantada? —preguntó mi amiga, mientras la veía por el reflejo de la ventana. —Me imaginé cualquier otra cosa, menos esto —dije demasiado fascinada, como para ocultarlo. No quería parecer materialista, pero llegar a vivir en ese lujo, así no fuese realmente mío, me hacía babear. —Suelen decir mucho eso del señor Misterio —burló y sonreí, con ganas de conocerlo de una vez. —¿Aisha? —preguntó curioso una voz varonil y roncosa, apareciendo de la nada en medio de nuestro silencio. Eso tomó por sorpresa a mi amiga y al mismo tiempo a mi, ya que había sido repentino. Casi fue como en cámara lenta, que mis ojos se adueñaron de la imagen de un hombre de casi cuatro décadas, que aparecía bajo la luz, con una camisa blanca tan sencilla para cualquiera, que para mí era como ver a un Dios musculoso metido en esa tela. Llevaba unos pantalones que eran medianamente anchos abajo, pero se notaba la presión de los cuádriceps. ¿Por que me estaba sintiendo excitada de repente? En el proceso de distracción de padre e hija, mientras se abrazaban, observé cada movimiento de ese hombre, como se tensionaban sus músculos en cada acto, incluso como su sonrisa perfilada era idéntica a la de sus fotos. No había cambiado mucho, del tiempo que me habían mostrado las fotos, como si la vejez se las perdonara a él. Sus iris azules como el cielo, eran un poco diferentes a los de mi amiga, más llamativos. No sabía si era por que me gustaba que me parecían más cautivadores que los de Aisha, además de que sus gruesas cejas negras, igual que su cabello medio largo, lo hacían ver más joven e imponente. No me había imaginado lo que me provocaría ver a ese hombre en persona. Mucho menos la electricidad de sus manos tocando las mías como saludo y esa sonrisa distinguida, lobina y perfilada gracias a sus delgados labios carmesí, sin olvidar las pequeñas marcas que se hacían en sus mejillas al sonreír. Dios, ese hombre me iba a matar y apenas había llegado. Cuando separó sus manos anchas, que habían envuelto las mías como si tratase de un tesoro, haciéndome desear más que un simple saludo, noté un anillo plateado en su dedo anular, que tenía marcas doradas. Si mal no recordaba, Aisha tenía uno igual, era como la joya familiar. Solo un linaje de joyeros los hacia para ellos. Era muy interesante eso, pero también me daba curiosidad por que. Aisha no solía hablarme de su familia, además de sus padres y hermano. —Es un placer, Amelly. Aisha me ha contado maravillas de ti —me miró fijamente y sonreí fingiendo pena, aunque ya lo sabía. Mi amiga levantó los hombros, quitándose culpas. —Sin embargo, no sucedió al contrario —le devolví la.mirada y este la pasó a su hija, quien se sorprendió. —Eres una mentirosa —quejó y su padre se rió de la reacción. —Solo es broma, cielo —le dije a mi amiga y ví de reojo la reacción del señor Harvey. Intentó disimular su sorpresa, pero sabía que lo había tomado desapercibido que le dijera cielo a su amiga. Asintió fingiendo enojo—. Voy a pedirle ayuda al portero para subir unas cosas, mi papi amable te mostrará tu habitación —le dió un golpecito en el brazo a su papá y se marchó. Antes de señalarme a donde debía ir, sentí un consquilleo en el estómago. Me había parecido muy extraño no ver a una mujer salir detrás suyo, diciendo que era su amante y además, que me comiera con la mirada por observar demasiado a su hombre. En mi caso, no me aguantaría ni un poco. Pero me gustaba que estuviese solo, sin nadie que se me atravesara en el camino. Probablemente. Tampoco había estado ese hombre de ensueño en mis planes, pero si me moría por saber cosas que nadie dice a voz alta. Me adelanté con la intención de dejarlo un poquito desconcertado, por lo que simplemente lo miré fijamente casi inocentemente, hasta que no pude ver más sus iris; confundidos y vibrantes. Era el padre de mi mejor amiga, pero estaba para comerse los dedos de un chupetón.
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