—Ven —se acomodó en la camilla y me hizo señas para que me acercara a su lado, donde ya había un sofá para las visitas, pero lo ignoré por completo. Simplemente me detuve a su lado en silencio. Sus ojos no perdían su esencia, a pesar de tener el rostro con cortes y hematomas alrededor. Su cabello estaba alborotado y solo quería correr a sus brazos por consuelo, pero sabía que podía lastimarlo si llegaba a tener alguna herida en el torso o la espalda. —¿Te preocupaste mucho? —preguntó con una mirada de culpa y asentí. Subió una de sus manos a mi mejilla y me obligó a sentarme en la camilla, para estar más cerca de él. —Me prometiste que descansarias —quejé con dejes de voz, ya que tenía la garganta cerrada. Tomó mis manos y se las llevó a cada lado de su rostro; podía sentir con la ye

