Se echó hacia atrás soltando una impresionante carcajada, Lean. Me sobresalté, ya que había sido la primera vez que lo veía reír tan fuerte y la única en que su rostro se transformaba en otra cosa que no fuese seriedad. —¿Que te sucedió? —pregunté, mirándolo extraño. No me respondió por estar tratando de calmar su propia gracia, al punto de que tuvo que echarse aire así mismo y yo me corrí hacia un lado, temiendo que el estrés hubiese eloquecido a mi amigo. —Estoy asustada. —Dios —dijo, recobrando la compostura—. ¿Te dijo... —soltó una risa—. ¿Te dijo que eras suya? —preguntó y volvió a gritar, echándose de para atrás. —Ahora si, ¿que está sucediendo contigo? —lo empujé, tirándolo del sofá en el que estábamos sentados. —¡No, auxilio! —dijo en medio de risas, mientras se tomaba

