Dejamos varios kilómetros la ciudad de los Ángeles, en el bus que habíamos tomado y siendo sinceros, no me sentí muy bien al alejarme así como si nada. Iba sentada al lado de mi hermano, en la ventana y esperaba que de ese modo ninguno me hiciera una pregunta, ya que técnicamente si me había emocionado por viajar y ver a mi primita, a mi tía y a los abuelos. Teníamos más familia, pero no tratábamos con ellos y era como si no existieran. Los chicos tenían la posibilidad de vivir en sus dormitorios en la universidad y varias veces me dió nostalgia volver a ella, ya que allí había creado nuevas amistades y una más fuerte que las otras, que me había llenado por completo el corazón. Nunca antes había conocido una persona como Aisha y éramos muy leales a la otra, pero en las últimas semanas, d

