Cuando me dice eso, miles de mariposas comienzan a aletear en mi estómago y me siento muy feliz. Aunque estoy aquí sentada, con su cuerpo desnudo detrás de mí, no siento morbo por este momento, pues siento que realmente lo que él ha desnudado, es su alma. Levanto mi mano para acariciar su mejilla y, mientras me besa la coronilla, su brazo alrededor de mi cintura se ciñe un poco más. Pongo mi otra mano encima de la suya y nos quedamos así un tiempo. ¿Cuánto? No lo sé, sólo sé que de pronto siento cómo me sacude suavemente. -Nena, es hora de irnos a la cama. El agua se está poniendo fría y te hará daño.- Sus palabras vienen acompañadas de tiernos besos en mi cuello pero yo solo quiero seguir durmiendo y me pongo a hacer un berrinche mientras él se ríe por lo bajo. -Ven, seguirás durmiend

