Katherine Conducir a casa de Devora nunca había sido tan emocionante como ese lunes así que me encargué de llegar temprano para disfrutar de estar con ella sin secretos de por medio. Me estacioné y miré el reloj, aun no eran las diez de la mañana. Devora ya sabía que estaba ahí, así que se asomó por su balcón, estiró su mano saludándome y yo le grité. — ¡Devora, Devora! ¡Suelta tu cabellera! No escuchaba su risa, pero me conformé con verla sonreír mientras apuntaba la entrada. — ¡Princesa encantadora! ¡Eres pésima en cualquier actividad física! Usa tu viejo amigo ascensor. Le levanté el dedo del medio y caminé al ascensor, no sin antes toparme con Rita y Joe. Les levanté la mano y luego recordé

