Una oportunidad de vivir.
Despertar en los brazos de ricitos fue extraño, había sido la primera noche que había dormido sin pesadillas y malos recuerdos.
¿Será un designio de los cielos para que me de una oportunidad de amar nuevamente?
No lo sabía, lo que sí me había quedado más que claro era que esas manos, ¡Dios! Esas manos hacían milagros. Mi cuerpo aún temblaba después de lo que habíamos hecho en la noche y de sólo sentirlo a mi lado, abrazándome de manera posesiva, mi entrepierna estaba húmeda.
—¿En qué piensas tanto mujer?
—¿Despertaste?
—Por supuesto, es que si te sigues moviendo así no hay de otra— me dice acercando mi cuerpo más al suyo y ahí noté a que se refería, su m*****o estaba completamente despierto y deseando acción ¿Quién era yo para negarme? Lo tomé con mi mano libre y comencé a masajearlo, era algo tan natural y placentero oír sus gemidos de placer que ya estaba absolutamente prendida.
—¿Te gusta lo que te hago?
—No sabes cuanto, preciosa— me dijo con la voz entrecortada, así que continúe con mi faena, con una sonrisa pícara bajé hasta su m*****o y comencé lamerlo hasta que lo introduje en mi boca, escuchar sus gruñidos era música para mis oídos, así que me mantuve un buen rato haciéndolo hasta que él me levantó y besó mis labios de una manera demandante y casi asfixiante.
—Ahora me toca a mí — tomó un condón y lo colocó con maestría, me puso de espaldas en la cama y abrió mis piernas para introducirse de una sola estocada en mi cuerpo.
—Ah, Nathan…
—No quiero solo disfrutar yo, te mereces cada una de éstas — dijo saliendo y volviendo a entrar con rudeza. El sonido de nuestros cuerpos chocando y los gritos que salían de mi boca eran los que completaban el momento. Este hombre era perfecto, en toda la amplitud de la palabra y aunque no esté enamorada, siento cosas especiales por él.
—Deja de pensar y disfruta el momento, preciosa — me dice dando otra estocada que me deja sin aliento.
—Y tu… tu deja de hablar y bésame.
Y sí que lo hizo, me dejó volando por los aires. Seguimos disfrutando de nuestros cuerpos hasta explotar en un delicioso orgasmo.
—Esto de verdad que es mejor de lo que soñé.
—Estás loco, ricitos. Ahora, mueve ese cuerpecito que dios te dio que debemos levantarnos.
—¿No nos podemos quedar aquí hasta la eternidad?
—Nope, tú mismo me dijiste que debíamos levantarnos temprano para ir ver juntos a Nicco.
—¡Es cierto!— y eso fue como un resorte para él, se levantó y corrió hacia la puerta de mi vestidor y me lancé a reír.
—Es la puerta de la izquierda, ricitos.
—Gracias por avisar.
Se veía tan delicioso que no aguanté y lo seguí al baño, lo metí en la ducha y mientras el agua cubría nuestros cuerpos volvimos a amarnos una vez más.
Preparé un desayuno sustancioso con huevos escalfados y café recién molido. Además, aproveché de preparar una lonchera con ensalada de pasta, un flan de vainilla y galletas dulces.
—¿Y todo este festín?
—Es para recuperar energías— respondo colocando en su boca un trozo de manzana recién cortada.
—Delicioso— besó mi frente y nos acercó a la mesada de la cocina, disfrutamos tranquilamente del desayuno, conversando de Nicco y sus locuras y de como tenía a todo el hospital enamorado con su forma de ser.
Cuando estuvimos listos nos subimos a su auto y nos dirigimos al hospital.
Debo decir que, aunque me avergonzara un poco, las caras de muchas de las mujeres que trabajan ahí fue hasta divertido.
Nos dirigimos al sector VIP del hospital y una muy sonriente Val nos estaba esperando junto a la habitación de mi hijo.
—¡Qué fresco y descansado te ves, Nath. Si hasta el pelo te brilla, amigo!
—Loca ¿Cómo llegaron a casa?
—Muertos, pero felices, dejar a los niños en casa de mis padres fue la mejor idea para pasar una grata noche con mi esposito ¿Y ustedes? ¿por qué llegaron juntos? ¿ Algo que contar?
—Val…— la reprendió con su tono de voz, aunque luego ambos se rieron— Eso no se dice. Por qué mejor no nos cuentas qué haces aquí.
—Mejor entremos y le damos la noticia a Nicco.
Los tres saludamos al guardia de seguridad y entramos a la habitación de Nicco, que estaba leyendo una historieta, al levantar su carita sus ojos se iluminaron y todo a nuestro lado brilló para mí.
—¡Llegaron!
—Hola campeón ¿ Cómo amaneciste?
—Super bien, Nath. Mira, el doctor Scott me trajo estas historietas.
—Wow, Spiderman. Me encanta.
—A mí también, es mi nuevo super héroe favorito. Hola doctora Scott, la veo contenta ¿Es por mí?
—Por supuesto, cariño. Te traigo buenas noticias.
—¿En serio?
—Muy en serio, por fin tus exámenes están con excelentes valores, así que programaremos tu cirugía.
—¿Me van a poder operar?
—Ajá — le respondió con una gran sonrisa que mi hijo respondió saltando en su cama.
—¡Yey, por fin podré salir de aquí! Cof, cof, cof.
—Tranquilo, cariño. Aún no es momento de andar dando saltos por la vida, ya tendrás mucho tiempo para eso.
—¡Gracias, Val! De verdad, gracias por todo.
—No me lo agradezcas hasta después de la operación, ahora los dejaré para que disfruten de un ratito en familia y luego te pido, Gia que vayas a mi consulta.
—Entendido.
Cuando Val se despidió de nosotros me volví para ver a mi hijo y nuevamente mi corazón dio un vuelco, estaban ambos abrazados cuchicheando como dos viejas alcahuetas.
¿Cómo haría para sacar a Nicco de este lugar? Y no lo decía por el hospital, lo decía por todo lo que había conseguido aquí. Amigos, gente que lo quiere y a él…
—¿Estarás conmigo ese día?
—Por supuesto, amigo. Aunque no podré operarte, estare presente.
—¡Gracias! Si no fuera por ti no lo habría logrado.
—Eres un niño muy fuerte Nicco y sé que todo saldrá bien con tu operación.
—Si estás conmigo, todo es posible Nath.
¡Mierda! Ahora era yo la que sentía mi pecho doler, no sabía que nos deparaba el destino, pero esa conexión entre esos dos sería difícil de manejar.
------------------------------
Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing
Todos los derechos reservados.
Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616