La barbacoa… —¿Están listos?— la pregunta que he hecho como por 1237311233 vez y no se rían, pero tener tanta mujer en esta casa es exasperante. Estamos sentados con Nicco y George en el gran sillón de su sala, porque sí, nos vinimos todos a vivir con ellos hasta que encontremos una casa más grande. —Esta es una batalla perdida papá, ¿Cierto abuelito George?— y qué hace el viejo, asentir y soltar una enorme carcajada. —Por supuesto que si, mi querido nieto, Mujeres. —¡Dios, Mujeres!— ambos resoplan al unísono y yo los miro con cara de espanto, si ya hasta se mimetizan. —No sé qué las puede demorar tanto, si es una simple barbacoa. —En eso te equivocas, hijo. Rosita, Gia y Regina se levantaron antes del alba para preparar algo para llevar, ni siquiera me dejaron entrar a la cocina po

