Lucifer Odiaba estar en el desierto, de todos los lugares que tenía el mundo terrenal prefería las ciudades o en debido caso pueblos con gran cantidad de habitantes. Era mi trabajo, buscar a los débiles y hacer tratos con ellos que por supuesto solo acrecentaran mi poder. En el desierto no había nada, y acostumbrado a vivir en un lugar frio y oscuro, la luz del sol y el calor abrazador no me sentaban nada bien. Y para el colmo el idiota de mi hermano estaba llegando tarde. No me gustaban las demoras, tuve que reprimir el impulso de irme y dejarlo solo cuando viniera. Pero rara vez mis hermanos celestiales me llamaban o se dignaban a saludarme, la última vez fue por Jessa y no dudaba que esta vez fuera igual. Esa era la única razón por la que había aceptado venir. —Me alegra que hayas

