Capitulo cinco

3139 Palabras
Lucifer Despertar acompañado no es algo que suela hacer. Detesto tener que lidiar con las mujeres después de sexo suelen ser muy pegajosas queriendo quedarse para aparentar ser importantes. Mortales e inmortales son iguales. Pero Jessa es diferente para comenzar ni siquiera despertamos juntos, sé que al final de nuestra sexta ronda ambos nos quedamos dormidos juntos, abrazados y agotados. No me molesto su compañía como la de algunas mujeres, fue todo lo contrario. Me molesto el hecho de que se hubiera marchado a mitad de la noche. Me levanto de la cama para tratar de olvidar que en siglos ninguna mujer se atrevido a dejar mi cama sin mi petición excepto Jessa, una pequeña mortal. Voy al baño para asearme antes de ponerme algunos jeans y una simple camisa. Me dirijo luego a la sala común de la suite donde Jessa ya se encuentra sentada en uno de los sofás, al lado de ella está un carrito de servicio lleno de algunos platillos. —Qué bueno que ya despertaste. Me tome la libertad de pedir servicio de desayuno a la habitación— sonrió. —Vaya veo que te estas acostumbrando a disfrutar de los beneficios de mis poderes— dije. —Bueno, todo es gratis para mí así que no me quejo— me sorprendió que me hablara de esa forma pero me gusto ese desafío en su mirada. Sabía que Jessa no siempre era un ratoncito asustado tiene un carácter fuerte bajo esa mascara de niña buena e inocente que a veces aparenta. Solo hay que darle un pequeño empujo para hacer que esa Jessa fuerte salga. Me siento al lado de ella en el sofá. La comida de la tierra es muy diferente a la del inframundo pero debo de admitir que disfruto de la comida de los mortales es deliciosa y hace tiempo que no tenía la oportunidad de probarla. Abro el primer platillo que se trata de crepas llenas de chocolate, fresas y plátano. Dejo que Jessa decida entre los otros platos ya que sé que este es que comeré con todo gusto. Después de desayunar me levantó del sofá para ver el enorme ventana con vista a la ciudad ya se está agotando mi tiempo en la tierra tarde o temprano deberé acabar mi trato con Jessa y volver al inframundo. — ¿Qué quieres hacer hoy? —pregunto regresando mi mirada a Jessa. —Siempre he querido visitar el gran cañón— responde con emoción por lo que rio. Que me estás haciendo pequeña humana —Entonces lo visitaremos. No me costó mucho organizar un viaje en helicóptero para sobre volar el gran cañón. Encontré un buen lugar para alquilar un helicóptero y a pesar de que la mayoría estuvieran alquilados pude usar mis poderes para lograr que los empleados prepararan uno en exclusiva para mi uso. — ¿Estás seguro que puedes volar esta cosa?— dijo Jessa. —Me duele que dudes de mis habilidades— a veces los humanos no entienden que el diablo puede hacer todo lo que quiera— Mejor súbete recuerdan que fuiste tú quien pidió este viaje. —Sí y comienzo arrepentirme— murmuro, pero no obstante subió al helicóptero. Era bueno que el local donde tenían los helicópteros fuera un lugar abierto y cercano al cañón, no me costos mucho volar el helicóptero. Pronto estábamos volando el gran cañón, había viajado a lugares más exóticos y hermosos atreves de mis siglos de vida por lo tanto no me impresiono. Pero ver la cara de emoción de Jessa fue algo que sin duda si me deslumbro, verla sonreír de auténtica felicidad al ver el paisaje hizo que algo en mí se conmoviera. Nunca había sentido esto que siento cuando estoy cerca de Jessa, son sentimientos confusos que comienzan a manifestarse. Seguimos sobre volando el gran cañón un rato más antes de bajar a una de las colinas que están en el área. Permiten una vista completa del paisaje del gran cañón en su totalidad. —Estos es maravilloso ¿no te parece? — dijo Jessa mientras se pone en la punta de la colina y extiende sus brazos dejando que su rostro se bañe del aire fresco. —Es precioso— dije a pesar de que solo la puedo ver a ella. Joder esto va hacer mi ruina, si sigo así podría perder mucho. Jessa comienza a tomar fotos del lugar incluso nos tomamos un par de fotos juntos antes de irnos del lugar. Teníamos previsto seguir recorriendo la ciudad. Las Vegas, ofrecía mucho de día como de noche, pero siendo un ente de la oscuridad disfrutaba más de la parte nocturna de la ciudad. — ¿Qué consejo me das?— pregunta Jessa mientras caminamos por las calles de las Vegas. Frunzo el ceño mientras la miro cosa que debe notar porque agrega: —Ya sabes para conocer hombres— por alguna razón no me gusta para nada que conozca otros tipos. Los humanos principalmente hombres son muy egoístas prefieren jugar con los sentimientos de las mujeres que están a su alrededor que establecerse. He visto como muchas almas de hombres de setenta años llegan a mi morada, siguen con una vida alocada de gustos y placeres culposos a pesar de la edad. —Creo que no necesitas ningún consejo, créeme se acercaran a ti como polillas— digo mirando su falda corta que muestras sus largas y delicadas piernas. Joder, solo ver sus piernas hace que recuerdos de anoche empiecen a venir a mi como cascada, recuerdo como envolvía sus piernas a mi alrededor mientras embestían en ella una y otra vez. —No parece— tal vez porque he hecho que ningún hombre se atreva a mirarte. —Creo que deberías dejar de esperar y dejar que simplemente aparezca el indicado— a pesar de que odie esa idea. —Créeme lo he hecho y parece que solo puedo atraer imbéciles—dijo. —Los humanos tiende a ser imbéciles por sí mismos— gruño— Solo relájate a veces lo que más quieres aparece sin buscarlo. —Eso lo dice alguien que ni siquiera tiene un reloj biológico activado— me paralizo al escucharla— Pensé que a los treinta por lo menos seria madre. Mierda ahora ya entiendo cuál es el problema de Jessa. Quiere un hijo no tanto un hombre, tal vez su interés está más inclinado en ser madre. Y si… no es imposible ayer no nos cuidamos pero soy inmortal es imposible para mi embarazar a una humana a menos que yo mismo tenga esa intensión. Nos detenemos en un bar que a pesar de ser mediodía está lleno de personas listas para beber un trago y así refrescarse del horrible calor de la ciudad. —Creo que es muy temprano para beber— se queja Jessa, pero aun así se sienta en la barra junto conmigo. —Nunca es temprano para beber un trago y creo que lo necesitas— llame al barman que estaban atendiendo la barra para hacer que nos sirviera tragos en exclusiva para Jessa y para mí. Pedimos varias rondas de tragos para poder relajarnos, pero no nos emborrachamos. Seguimos nuestro viaje por la ciudad probando varias de las áreas entretenidas de las Vegas hasta que el sol comienza a ponerse y la noche comienza asomarse. Las Vegas se vuelve a iluminar pero esta vez con el sabor de los pecados de la noche. No cabe duda de que Las Vegas es la digna ciudad del pecado y las tentaciones. —Espero que esta vez no me lleves a un club— rio un poco por lo que dice Jessa cuando llegamos a nuestra habitación de hotel. El plan es cambiarnos y disfrutar de lo que la noche nos puede ofrecer. —No escuche quejas ayer— la tomo por la cintura disfrutando de su cercanía, su aroma que tanto me enloquece— Sobre todo por como termino la noche. No habíamos hablado de lo que sucedió anoche, Jessa en especial trataba de evitarlo de forma sutil pero obvio para mí. Si fuera otra mujer mortal o inmortal no me importaría en lo más mínimo. Pero con Jessa es diferente, ha sido la primera mujer en dejarme después de una buena noche de sexo y ha sido la única que no he podido olvidar. Sigo recordando nuestra noche una y otra vez, su pasión, su aroma, su energía. No ayuda que estemos cerca. —Si te refieres a acostarte conmigo ya lo veremos—me guiña un ojo mientras se aleja y se dirige a su habitación. Me está provocando y joder está funcionando. Tal vez la idea de que se repita la noche anterior podrá volverse realidad. Me dirijo a mi habitación para poder refrescarme con una ducha fría. Tratando que el tamaño de mi polla disminuya, es increíble como con una sola mirada Jessa logra que mi polla se anime, ninguna mujer lo había logrado antes. Y vaya que ya me siento cautivado por mi pequeña humana. Escucho algunos ruidos en mi habitación así como una energía diferente, maldigo mientras salgo de la ducha voy donde provienen los ruidos. Me encuentro a Uriel sentado en el borde de mi cama, sonríe al mirarme. —Vaya hermano pensé que estarías disfrutando del paraíso de nuestro padre— digo al mirar a mi hermano. —Quise hacer un pequeño viaje a la tierra y veo que no fui el único— ruedo los ojos ante su obviedad. —No me digas que nuestro padre te mando a buscarme— es fácil adivinar que siempre que veo a alguno de mis hermanos que trabajan con mi padre es para darme un recado de parte de él. —No olvides regresar, los demonios tiende hacer algunas cosas inapropiadas cuando no estas para vigilaros— no es de extrañar que disfruten mi ausencia, no quiero imaginar el caos que me espera al regresar. — ¿Solo vienes para decirme eso hermano?— conozco a Uriel es tan obvio que no vino simplemente para pedirme que volviera al inframundo. — ¿Cómo te va con Jessa? — pregunta haciendo que frunza el ceño al mirarlo. —Así que fuiste tú quien le dio el libro— desde el principio supe que mis hermanos o incluso mi padre tenían algo que ver con el portal que Jessa creo al inframundo. Y con que fuera inmune a mis poderes. —No fue Gabriel ya sabes cómo es a veces le gusta hacer de cupido. —Explícate—gruño. —Nunca me gusto que te encargaras del inframundo es un lugar oscuro y solitario. Así que Gabriel y yo pensamos que era buena idea que tuvieras una compañera— aprieto mis manos en puños para contenerme de golpear a Uriel. —Eres un idiota lo que hiciste fue una infracción muy grande. —Puede ser pero por lo menos me quedare con el gusto de haberte ayudado hermano— antes de que pudiera contestarle desapareció como si nada, seguro volviendo a su lindo y cómodo lugar al lado de nuestro padre. Estaba enfadado. Nunca quise ser parte de los planes de mis hermanos y mi padre, siempre la oveja negra, el rechazado. Pero por lo menos tenía algo de libertad, donde estaba yo era un rey gobernaba mi propio mundo. Tal vez no el más bonito o el mas cálido, pero era mío. No seré el peón de nadie. No jugare el juego que quieren ni caeré en su estúpida trampa. —Lucifer, ¿estás listo?— pregunto Jessa al otro lado de la puerta. —Si ya salgo— solo por hoy me regalare esta última noche y dejare a Jessa atrás. Jessa Algo va mal con Lucifer. Lo supe desde que salió de su habitación. Estaba molesto, enojado por alguna extraña razón, no entendía que sucedía considerando que estuvimos separados solo quince minutos y ahora ni me hablaba. No sabía si su enojo era conmigo pero no me dirigió la palabra desde que salimos de nuestro hotel y entramos en el auto deportivo. Puede que tengamos poco de conocernos pero sabía que Lucifer no podía estar sin hacer alguna broma o comentario sarcástico. Pero ahora estaba en absoluto silencio y comenzaba a molestarme. Aun así no me moleste en decirle nada, no queriendo que se enojara más. Detuvo el coche en el estacionamiento de algún casino. —Pero sé que te dije que no quería otro casino— dije. —No dijiste que no querías otro club esto es distinto— note como el contorno de una sonrisa aparecía en su rostro. Salimos del auto. Mi mirada se dirigió al gran edificio iluminado con luces de neón, tenía que darle crédito a Lucifer este casino era asombroso por sí solo. Cuando entramos quede asombrada por el inmenso tamaño de este incluso tenía una gran fuente en la entrada, que tenía luces que iluminaban los chorros acuáticos de la fuente. Había diferentes mesas de juegos y tragamonedas por todo el lugar. No había tantas personas como usualmente habría en un gran casino de Las Vegas, pero también era temprano, el inicio de la noche. —Este es uno de los casinos más antiguos de Las Vegas donde comenzó la tentación del vicio del juego— explico Lucifer. —Y supongo que estabas hay para alentar el vicio— dije con una sonrisa. —De hecho mande a uno de mis más fieles demonios para que creara este lugar aquí es donde comenzó la perdición de Las Vegas— a veces era fácil olvidar que estaba al lado de un demonio o del diablo mismo. Pero en momentos como este me daba cuenta con quien estaba, pero no sentía miedo al respecto. —Eso significa que vienes a Las Vegas seguido ¿eh?— rio ante mi comentario. —Nunca lo olvides Jessa estoy en todas partes, solo que nadie me ve o nota— la seriedad con la que hablaba era algo tenebroso para cualquiera. Siempre dicen que el diablo esta en todos lados e incluso donde no lo parece ya que este se viste de oveja para engañar. Una mujer vestida con un hermoso vestido de lentejuelas corto y ceñido a sus curvas viene con algunas bebidas en una bandeja que nos ofrece. Cada uno toma una bebida mientras seguimos recorriendo el casino. — ¿En qué mesa harás tu gran aparición? — a pesar de que no me gustara admitirlo era asombroso ver como Lucifer podía jugar y ganar con la mayor facilidad. Incluso en la ruleta sabía a qué color y numero darle para ganar. —Esta vez jugaremos los dos— fruncí el ceño. —Sabes que no puedo hacer los mismos trucos que tu— dije. —No. Pero al estar acompañada de mi puedes hacer lo que quieras— dijo llevándonos a una ruleta. Comencé a elegir los colores y números a los que apostar. Lucifer me susurraba cuales eran los correctos y ganaba. Era emocionante cada vez que elegía un número, lo que lo hacía más divertido es que Lucifer a veces me decía los incorrectos. Podía ganar o perder al elegir un número y apostar la adrenalina era increíble. Lucifer se encargó de que ganara en gran parte. Por eso al final del juego ya tenía cuarenta mil dólares. Dinero que me hubiera costado ahorrar pero ahora lo tenía, me sentía como una persona rica, era asombroso. —Ahora entiendo porque las personas apuestan— digo mientras acaricio mi cheque. —Ganar dinero siempre entusiasma— dijo Lucifer encogiéndose de hombros— Espero que estés lista para nuestra próxima parada. Volvimos al auto donde esta vez fuimos a uno de los hoteles más conocidos en Las Vegas. Eran conocido por tener una atracción que nadie más poseía un viaje en góndola, por un pequeño canal en el mismo hotel. Me sorprendió que Lucifer me trajera a un viaje en góndola, no me esperaba que hiciera algo así pero me gustaba. —Y por supuesto necesitamos algo de alcohol—dijo cuándo subimos a la góndola y un hombre le entrego dos botellas de vino. —Estoy de acuerdo— nunca fui una fanática del alcohol hasta que conocí a Lucifer en estos días había tomado más alcohol que en mis años locos de adolescencia y eso es decir mucho. Comenzamos a beber a la vez que remábamos por el canal del hotel. Acabamos la primera botella de vino tinto de forma rápida, ya estaba en un subidón por el alcohol pero eso no impidió que siguiera bebiendo. —Tengo que admitir que por primera vez falle no logre que consiguieras un hombre— dijo Lucifer lo que me hizo reír a carcajadas. —Pero me estás dando la mejor cita que jamás haya tenido— dije ya disfrutando de la neblina de la borrachera. Mire la segunda botella que ya comenzaba a acabarse— Creo que nos estábamos quedando sin alcohol. —No te preocupes después lo arreglo— dijo para después mirarme— Aun me siento mal por no haberte ayudado. El diablo siempre cumple sus promesas. —No te alteres por eso. Vive la mejor experiencia conociendo Las Vegas y ganando cuarenta mil dólares, solo me falto la boda con Elvis de testigo— volví a reír— Aunque ahora dudo que me case alguna vez. —Sabes hay una pequeña capilla en este hotel así como un Elvis— dijo Lucifer riendo. —Esa no es la no era la propuesta de matrimonio que esperaba. — ¿Y qué? Nos casamos y vivimos la experiencia de Las Vegas. Mire mi vestido rojo corto, me lo puse porque cuando Lucifer estaba empacando mi maleta menciono que era su vestido favorito y que me haría lucir sexy si lo usaba. Y no se equivocó el vestido abrazaba mis curvas pero era corto tan corto que si me inclina se me vería parte de mis bragas. —No tengo mi vestido blanco— dije mirándolo. —No importa el rojo pasión es lo mejor para casarse con un demonio— dijo Lucifer. Y así lo hicimos fuimos una capilla que estaba en el mismo hotel, conseguimos la licencia de matrimonio y nos casamos con Elvis de testigo. La neblina del alcohol era tan grande que incluso recuerdo haber sonreído en las fotos que nos tomamos en la capilla, ambos estábamos borrachos y tomando decisiones que estaba segura harían que me arrepintiera. Para celebrar volvimos al hotel para terminar la noche con un buen maratón de sexo. El problema fue cuando desperté estaba en mi departamento, sola y sin rastro de Lucifer. Se había ido y si no fuera por los recuerdos que todavía perduraban en mi mente hubiera pensado que todo lo que vivimos juntos había sido solo un sueño.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR