–Qué bonito eres –se levantó, se sacó la pistola paralizante del bolsillo y la dejó sobre la encimera para que Chad la encontrara al llegar a casa. El perro la miró, lloriqueó y se alejó de ella y del arma. Envy lo observó con un sentimiento extraño de culpa. El pobre perro actuaba como si supiera qué era una pistola paralizante y ella se preguntó si es que alguien le había dado descargas en el pasado. Sonrió al perro y le acarició la cabeza. –No te preocupes. Esto es para novios malos, no para perritos buenos. Trevor suspiró para sus adentros, se terminó las salchichas y se relamió el hocico. Estaban frías, pero estaban riquísimas. Se podría haber comido un par de paquetes más sin problemas porque el cambio siempre lo dejaba hambriento, aunque últimamente, Trevor siempre estaba hambri

