Trevor le devolvió la sonrisa. –Le prometo que iré con cuidado –le aseguró. Se puso la camiseta con rapidez, saltó la verja y con la llave en la mano se dirigió a su casa. No fue hasta que llegó a la puerta que se dio cuenta de lo que la señora Tully le había dicho. ¿Por qué había mencionado a los perros? Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. ¿La señora Tully lo sabía? ¿Había visto algo? Agitó la cabeza, entró en la oscuridad conocida de su apartamento y se olvidó de la conversación en un momento como si hubieran sido imaginaciones suyas. Se dirigió al baño, se desnudó y se metió en la ducha. Le encantaba ducharse porque le recordaba a cuando salía por ahí bajo la lluvia. Era una idea extraña pero, justo por eso, nunca se daba duchas cortas. Allí era donde él resolvía la mayoría d

