La culpa le dolía en el pecho a Envy. Ella en realidad no era una persona perversa en el fondo, y lo que le había hecho a Trevor no estaba bien. Solo había estado bien durante un rato, pero ahora se sentía fatal. Mantuvo los ojos agachados, demasiado avergonzada como para mirar a su hermano. Chad echó una mirada a Envy y supo que había llegado el momento de llevarla a casa. –¿Preparada? –le preguntó, alejándose un paso de la barra. –Yo puedo acercarla a casa –se ofreció Jason, y añadió rápidamente–, si ella quiere estar un rato más conmigo. Chad pudo ver un atisbo de esperanza en los ojos de Jason y se preguntó si estaba haciendo lo correcto o si estaba enviando a su querido amigo a un fracaso absoluto. Notó como su teléfono vibraba en sus caderas y levantó la mano. –Espera un momento

