Joanne. Habían pasado dos semanas desde la cena de beneficencia. Dos semanas en las cuales me la pasé en la habitación sin contacto con el exterior y aunque sonará extraño ya me había acostumbrado a esta extraña vida que tenía dentro de estas cuatro paredes. Vicenzo llegaba todas las noches a darse una ducha y dormir a un extremo de la cama, no hablábamos, ni nos decíamos nada era como si fuéramos dos desconocidos que solo estaban obligados a compartir cama. Aquella idea de que tenía que hacer lo posible para que Vicenzo me dejará regresar a Brooklyn ya había dejado mi cabeza ya que ahora solo pensaba en estar en este lugar a pesar de que quería conocer más detalladamente Italia, pero Vicenzo ni siquiera a eso se ofrecía así que no me quedaba de otra más que mirar todo desde el enorme ve

