Joanne. Mis ojos seguían en la entrada en donde un hombre de saco y corbata no dejaba de sonreír y saludar a cada una de las personas que cruzaban la puerta principal, Vicenzo continuaba su camino a mi lado hasta que se detuvo y por poco me falto chocar con su pecho, sus ojos dieron a los míos y me mantuve esperando que dijera algo lo cual tomó unos minutos, quizás estaba preparando muy bien su discurso. ─Dame tu mano ─me tendió la de él y ni siquiera refute así que si lo hice, le tendí mi mano. Juntos nos dispusimos en caminar en dirección a la entrada y ahora si tenía que decir que las miradas ya no estaban sobre nosotros sino más bien en nuestras manos entrelazadas. ─Buenas noches señor Ricci ─dijo el hombre sonriente de traje y corbata. ─Tiempo sin tenerlo por aquí. ─Ya me apetecí

