➹Samara Carlsen➷
Reviso el sobre con mi recomendación, a un costado del papel azul oscuro, en letras doradas que vuelven a decir el mismo nombre que ya he leído, el de su empresa, a donde he llegado.
El edificio que se muestra delante de mí es imponente. Me quedo estancada en mi lugar al reconocer la elegante y moderna construcción, enormes ventanales de azul cristalino; lo que destaca es el enorme nombre en letras que se asemejan al oro “Wright’s jewelry”, sin duda es la empresa de su familia. Quisiera estar equivocada, pero no lo estoy. Hay muchos Wright en la ciudad, sin embargo, los únicos que poseen una marca tan prestigiosa es la familia de Aidan. Si quiero que las cosas salgan bien para mí, debo pasar desapercibida y todo estará bien.
En la recepción me presento con mi nuevo nombre y enseguida una mujer aparece para atenderme y guiarme por la empresa. Cada paso me hace sentir más nerviosa.
—Soy Mary West, quien la recomendó —se presenta formal. Su rostro enmarcado por unos rizos bien domados y unos lentes, refleja amabilidad e intelectualidad.
—Gracias… No sabe cuán importante es esto para mí —digo con voz nerviosa.
—Descuide. Si es amiga de la señorita Stella será un placer para mí. Y sus diseños son prometedores. —Ella presiona el último piso del ascensor—. Tendrá la entrevista con el nieto del señor Wright.
—¿El nieto? —exclamo, pero me arrepiento pronto por la exaltación—. ¿El nieto…?
Ella asiente mirándome con duda. Exhalo para calmarme, no puede ser Aidan. El señor Enzo Wright tiene más nietos, quizás sea Denver.
«Calma, Samara. Ninguno podría reconocerte» me digo. He venido muy formal para la entrevista (falda de lápiz y camisa blanca), lo que me hace más irreconocible. Supongo. Sigo a la señora West que se detiene en el pasillo en donde solo hay dos oficinas que ocupa todo este lado del piso. Las paredes altas son cristales en los que uno puede ver su reflejo. El logo de la joyería Wright es el oro y los diamantes, así que esos son los colores distintivos que envuelven el lujoso lugar del que estoy considerando salir corriendo.
—¿No debería encargarse recursos humanos de mi contratación? —inquiero, regulando el tono más normal de mi voz.
—Ya que se postula como la nueva diseñadora, la entrevista y decisión debe ser tomada por los jefes.
En el extremo del pasillo nos detenemos frente a una puerta de madera rústica con finas líneas en el centro y, en medio de estas, el logo del negocio. Mis ojos buscan el nombre del dueño de la oficina: Presidencia: Enzo Wright.
Tras dos toques de la señorita West se abre la puerta y una chica de pelo corto y rubio sale despavorida arreglando su camisa; una sonrisa nerviosa se escapa de los labios de la Mary West que parece no querer hablar lo que vimos, pero lo que llama nuestra atención es la voz del hombre detrás del amplio escritorio de cristal bordeado por madera.
—¡¿Dónde está mi abuelo?!
—No se asuste. El señor William es un poco especial —me avisa
Suspiro aliviada al ver que es el hermano mayor quien me atenderá. Mi alivio parece confundir a la mujer a mi lado, pero ella no sabe que me es más consolador encontrar a William que a su hermano menor.
—Señor, su abuelo no vendrá hoy. Y, señor, ella es la señorita Mara…
El hombre apenas si levanta la mirada hacia mí.
—¿Qué es lo que quiere?
—Vine por el puesto de diseñadora. Le envié…
—Contrátala —suelta como si no no quisiera perder más tiempo. Ambas nos quedamos sorprendidas ante la abrupta respuesta—. ¿Te quedaste muda, Lily?
—Soy Mary, señor —corrige ella casi ofendida. Lo que le hace ganar una mirada despectiva de su jefe.
—Perdón, señor… Haré lo que usted ordena.
—Claro que sí. Ahora ve y contacta a mi abuelo, la junta está preguntado de qué se trata la reunión que convocó.
William nos mira fastidiado, sus ojos verdes son más oscuros que los de Aidan.
—¿Qué estás esperando? ¡Haz lo que te digo!
Salimos una tras la otra de la oficina. Me siento emocionada porque he conseguido el puesto, aunque no de una forma que hubiese deseado, pero lo tengo. Por otro lado, no recordaba que William tuviera un carácter tan grosero. No compartí mucho con él, sé que es el hermano mayor de Aidan.
La familia Wright ha sido muy unida, aunque como todas las familias de la alta sociedad, tienen sus secretos, pues suelen ser muy reservados. Lo que todo el mundo conoce es su poder y prestigio, también su tradición de que todo Wright se casa antes de los treinta. Quizás el furor de la prensa con el malentendido que sucedió entre Aidan y yo en el hotel se debe a que el menor y más rebelde de la familia no se ha casado. A veces me preguntaba por qué no se casó, llegué a pensar que me abandonó por otra mujer; sin embargo, la razón del abandono de Aidan seguirá siendo una incógnita sin resolver para mí.
—Luego de su contratación le daré un recorrido por la empresa, señorita… —dice la señora West a mi lado.
—Llámeme solo Mara.
Ella me acompaña a recursos humanos por el papeleo de mi contratación, pide que se me atienda y antes de irse la escucho atender su celular.
—¿Ha llegado el otro nieto? Está bien, voy para allá.
—¿Pasa algo? —pregunto cuando ella corta la llamada.
—Llegó el otro nieto del señor. Es más exigente que su hermano, así que espero no perder mi trabajo.
—¿Es Denver?
Ella niega mientras se gira sobre sus zapatos de tacón grueso y se va. Mi corazón late furioso contra mi esternón, son los nervios. No puedo creer que Aidan esté en la empresa, no debe ser él. Respondo y lleno el papeleo lo más rápido que se me es posible, no quiero encontrarme con él. Lo positivo es que Aidan trabaja en las sucursales extranjeras, por lo tanto, no lo veré seguido aquí. Tampoco me reconocerá.
Un rato más tarde, mi papeleo ha terminado sin ningún problema. Voy hacia el pasillo para alcanzar el ascensor cuando recibo una llamada de Stella. Anoche casi la ahorco por no decirme desde el principio que la entrevista era en Wright’s jewelry.
—¿Cómo te fue? Dime que tienes el trabajo.
—Lo he conseguido —respondo con voz poco entusiasta.
—Esos ánimos no son de alguien que ha conseguido su empleo soñado.
—Bueno. Mi contratación fue muy particular, él ni siquiera me entrevistó, solo… me dio el trabajo.
—¿Sospechará algo?
—No. No me vio. Es… solo…
Mis ojos se abren y mi pulso se acelera al ver al hombre que se dirige a mí cuando entro al ascensor. En un traje impecable y a la medida, con un rostro de pocos amigos y mucha superioridad, Aidan Wright camina en mi dirección.
«Respira, disimula. Respira, disimula».
—¿Sigues ahí, Sama…?
Corto la llamada evitando que ella termine de pronunciar mi nombre, aunque de todos modos nadie lo hubiera oído. Ingreso al ascensor sintiendo como mi corazón se acelera cada vez más a medida que él deshace la distancia. Presiono el botón de cerrar, sin embargo, Aidan ingresa sin percatarse de mi acción, ya que está en una llamada telefónica. Todo lo que debo hacer es no verlo a la cara, no me reconocerá.
—Ten listo el contrato para esta noche. Logré hablar con mi abuelo y tener más tiempo —dice por celular.
Mantengo la cabeza gacha sin moverme. Quizás sea el lugar, pero siento un ligero mareo. Quiero pensar que no es por su presencia, es común, no importa que estemos cerca.
Mi visión se vuelve más lúcida y percibo el aroma a cítricos y menta que caracteriza al hombre a mi lado, por el rabillo del ojo observo su rostro serio e impenetrable. Él no me ha reconocido.
Las puertas se abren, yo salgo apresurada, sin mirar atrás, manteniéndome tranquila para no llamar la atención. Camino a la salida y llego a las puertas justo en el momento en que una mano grande y fuerte sostiene mi pequeña muñeca. Reconozco su tacto y me congelo.
—Qué gusto verte, Mara —dice Aidan con voz grave y serena, pero percibo que no es tranquilidad lo que siente—. Creo que dejaste esto en la habitación del hotel.
Al girar me encuentro con su rostro serio, una mirada dura que me hace sentir pequeña e inerme. Con su mano libre muestra uno de mis pendientes de boda.
—Que bueno que te encuentro, te estaba buscando, pequeña escurridiza.