Capítulo 102. El derrumbe de Lucrecia Montes. Francisco no se movió de su escritorio en todo el día. No era porque no quisiera irse, sino porque no podía. Cada vez que intentaba levantarse, las piernas no le respondían como antes. No era cansancio físico, era la certeza de que todo aquello que había construido con mentiras estaba cayendo, piso por piso, y que él se encontraba justo en el centro del edificio. Isaac apareció por tercera vez a su lado, nervioso, con el celular en la mano y la corbata floja. -- Señor… su madre sigue sin responder y se ha detectado un consumo en su tarjeta – comenzó a decir. La frente de Francisco mostró un pequeño rastro de sudor. -- La presidenta pidió que nadie se fuera sin pasar por legal y entregue un reporte de cada tarjeta de representación que la

