Capítulo 68. Llegó un cazador para ser cazado. En el aeropuerto Luciano Arcos apenas cruzó la puerta de desembarque cuando vio a su hombre levantar el dedo discretamente. El dueño del club caminó con paso seguro, pero por dentro era un manojo de nervios. Sabía perfectamente a dónde iba y con quién tendría que hablar. Y sabía que, si no entregaba a Ariadna esa misma noche, su vida ya no valdría nada. -- ¿Tienes la ubicación de esa mujer? – le preguntó sin quitarse las gafas. -- Hemos seguido a Leclerc como nos ordenó, para conseguir su ubicación, pero al igual que él, no la encontramos en ese hotel... ambos llegamos tarde – le indicó su empleado. Luciano frunció el ceño. -- ¿Y el club? – -- El club está vacío. Solo el personal mínimo, como usted nos ordenó. Pero suponemos que Lecl

