Para Camila Collins este día iba a ser perfecto, la facultad de medicina estaba engalanada para la graduación, cada detalle había sido revisado a conciencia.
-No puedo esperar la fiesta de esta noche, ¡Por fin! Camí nos graduamos y ya tenemos plaza en el Hospital Central como internas.
Quizá encuentres un chico que te guste por fin-
Las palabras de Alessa sacaron a Camila de su ensoñación, la verdad es que nunca le habían gustado los chicos pero tampoco había salido con chicas, cosa que Ale parecía tomar en verdad preocupante.
Su amiga estaba espectacular, su cabello castaño caía en rizos perfectamente hechos hasta la mitad de su espalda, tenía un cuerpo bien proporcionado, una piel morena que te hacía pensar en playas
-Oye no sabes porque el decano Alexander está como loco mira va corriendo-
Camila sabía que era una excusa para no contestarle su falta de novios o novias
- Debe ser por esa chica que está en la entrada- Dijo sin prestarle mucha atención.
- Francamente no sé cómo la dejaron entrar, mira qué manera de vestir- Alessa lo dijo con algo de desprecio.
Camila volvió su mirada y ahí estaba.
Cierto no era la ropa adecuada para una graduación, vestía vaqueros desgarrados y una camiseta negra pegada al cuerpo que resaltaba sus curvas, Camila podía notar desde ahí que si bien no iba al gym por lo menos se entrenaba.
Además si había algo que le gustaba igual que la medicina era la moda y esos pantalones definitivamente eran de diseñador, un Rolex brillaba en su muñeca, sabía que era real porque su papá tenía uno igual.
El decano Alexander corría hacia la entrada, cuando la chica fijo su mirada en Camila, no pudo explicar que fue lo que le pasó cuando encontraron sus miradas.
Ella le sonrió, una sonrisa lobuna como si la quisiera comer en ese momento mientras Cami sentía descarga eléctrica justo en su entrepierna.
Nunca había visto una mirada más profunda que esa, y esos ojos, uno brillaba azul profundo mientras el otro era de un gris oscuro.
En su carrera, claro que había estudiado la heterocromía pero ese par de colores tan inusuales, además sabía que esa condición es sumamente rara en humanos.
Pensó que el decano la iba a sacar llamando a seguridad, pero cuando esa chica lo vio, aquel hombre férreo que gritaba por cualquier cosa se quedó en piedra.
Camila se sorprendió nunca lo había visto así, temblando, sudando, se acercó despacio y le hizo señas para que lo siguiera a su despacho.
Ella asintió y lo siguió educadamente mientras las miradas se posaban en ellos, cuando paso delante de Camila, le guiño un ojo y ella volvió a sentir otra descarga en su entrepierna.
- Tengo que ir al baño-
Camila sabía que no tenía mucho tiempo, la graduación estaba por empezar pero la curiosidad le ganaba tenía que saber quién era la chica capaz de poner nervioso al decano.
-¿Pero que te pasa? Ya nos están llamando a entrar- escucho a Alessa algo molesta.
La puerta del decano no estaba del todo cerrada con el corazón en un hilo, se acercó a la pared para escuchar;
-¿Que, que haces aquí?- Alexander se escuchaba muy nervioso
-Para ser un decano de universidad eres bastante idiota- La voz de la chica estremeció a Camila, estaba sorprendida, ella no se hubiera atrevido a decirle idiota a Alexander
-Mira- continuo
-No tengo todo el tiempo del mundo y tú tienes una graduación pendiente. Papá ha estado algo molesto, dice que te escondes y no le quieres pagar por eso me mandó hasta aquí-
-No, no me estoy es escondiendo E Eva, solo necesito un poco ma más de tiempo- contesto y Camila noto el miedo en su voz
- Me caes bien Alex, vamos a hacer esto te doy dos días, sino voy a tener que volver y está vez con Gastón, él quería venir sabes, está que se muere por saludarte-
Camí escucho el gemido de terror que venía del decano
- A nadie le gustaría meter a Gastón en esto, ¿No es verdad?; Él no tiene la misma paciencia que yo y se puede poner de mal humor aveces-
Camí escucho las sillas correrse, esa era su señal de que tenía que salir de ahí, se encaminó lo más deprisa que podían sus tacones de aguja.
Por el pasillo se fijó en un espejo, sus ojos verdes la miraban con un brillo poco usual, los tacones la incomodaban pero bueno con 1.55 metros de altura, los tenía que usar, su piel usualmente pálida tenía un tinte rosa como si hubiera corrido varios kilómetros, miro su escote siempre le habían gustado sus pechos, firmes de tamaño mediano, la verdad siempre se había considerado una mujer hermosa y muy deseada, aunque no había sentido atractivo al salir con nadie.
Por último intento acomodarse varios mechones de su cabello rubio, que se habían salido de su lugar antes de entrar a la sala.
Sintió una mano por su cuello que la hizo estremecer.
- Te ayudo con eso- Le contesto la chica, ahora sabía que se llamaba Eva, mientras acomodaba cuidadosamente su cabello
- Me parece que vas tarde- le sonrió a través del espejo; Camila se volvió y se perdió en aquel par de ojos, que la miraban curiosos pero también había algo más, aunque no supo decir que era.
Tomo su mano y con cuidado la beso
- Un placer conocerte señorita Collins, mi nombre en Eva, espero volvamos a vernos, lamentablemente las dos vamos tarde-
Volvió a sonreír y se encaminó despacio a la salida, aquellos lugares donde puso su mano ardían.
Cómo podía saber su nombre, quién era esa chica, supo que lo iba a averiguar y que tarde o temprano la volvería a encontrar.
- Camila, que diablos está haciendo aquí, debería estar ya en su lugar es tarde-
El grito del decano la asusto, estaba rojo de la irá, mientras caminaba deprisa.
Algo en ella quiso que Gastón lo fuera a saludar dos días después, mientras caminaba y la ceremonia seguía su curso deseo que tarde o temprano se encontrará con Eva.