Hay una enorme parte de mi que se siente que esta cita es la mejor decisión que pudo tomar, que tener esta cita es lo mejor que he podido hacer, la mejor cosa pero otra pequeña parte de mi siente que esto es un error, que todo lo que rodea a Antony Black me iba a traer demasiados problemas, no se porque me siento así, no creo que una persona pueda ser el final o el principio de algo, aunque en cierta forma todos los finales implican el comienzo de algo nuevo, pero no se si estoy preparada para todo lo que se viene, para las cosas que siento que van a implicar estar con él.
Y es irónico.
Porque esa gran parte de mi que me hace sentir que esta es la mejor decisión del mundo, me grita que no importa, que viva, que no importaba el dolor que me pudiera provocar, no importaba nada, ni una minima importancia tenían las cosas que vivir me podía provocar.
He vivido.
Pero de que forma.
Nuestros padres se pasan la vida diciendo, recordándonos que vivamos, que no se nos quede en esta vida nada por hacer, que hagamos locuras, que cometamos errores, que caigamos muchas veces pero que siempre nos levantemos. Ellos siempre nos están recordando esas cosas, muchos viviendo por sus hijos ya que no pudieron vivir pero de la misma forma que mi padre me decía que viviera, no me dejaba hacer algunas cosas, no hablo de beber con quince años o tatuarme, seguramente eso lo aceptaría mejor, pero en muchas ocasiones el quería que yo viviera aventuras que no me interesaban, quería hacerme ir a campamentos cuando yo prefería pasar el verano leyendo o cuidando perros, pero para él, eso era algo que podría hacer cuando me diera la gana mientras que los campamentos no.
Pero eso no es importante, lo importante es centrarnos en el ahora, en lo que estábamos viviendo.
Una vez que dejamos a Zach atrás, Antony me llevo a una hamburguesería que parecía cerrada.
—Creo que esta cerrada—comente.
Antony me miro mientras se baja de la moto, giro mi cintura para quitarme el casco de lo más tranquilo del mundo.
—Esta cerrado—me aclaro mientras guardaba los cascos en la moto.
—No pienso colarme—le avise y me miro sorprendido—Es un delito—aclaré.
Antony río.
—El local es mío, les he dicho que cierren hoy para tener intimidad—aclaro.
Eli se sintió mal, no tonta por no suponer que el local era de él, eso no le importaba, no tenían una relación super importante como para empezar a sentirse mal por lo que se decía o se hacía, pero su cuerpo se sintió mal por recordar a su padre, a todos los negocios que tenía y ahora eran solo un mal recuerdo.
—¿Pasa algo?—pregunto Antony.
Sonreí para calmarle, no estaba muy segura de si sonreírle era la mejor opción, no se si estaba bien sonreír cuando no tenías ganas, no es que lo estuviera pasando bien, me gustaba compartir mi tiempo con Antony, había conocido muchos chicos en mi vida, todos hacían que estar con ellos fuera incomodo, hacían malos comentarios y se colocaban en posiciones que era mejor ahorrarse. pero él no lo hacía era como si supiera como colocarse, supiera manipular.
—Es una tontería, no le hagas caso—.
—Si te ha echo perderte en tu mente, es importante—me dijo.
Le miré.
—Mi padre tenía muchas empresas, muchos locales pero los perdió todos—explique.
Antony me miro, estaba tranquilo, pero yo no lo estaba, me sentía demasiado agobiada por contarle a alguien el secreto de mi familia que había estado evitando contar con todas mis fuerzas. Quiero a mi padre, pero no puedo evitar avergonzarme de él. Pero mi cita no dijo nada, agarro mi mano para llevarme a dentro del local, no nos sentamos en una mesa sino que entramos en la cocina donde estaban cosas en bolsas.
—¿Vamos a cocinar?—pregunte sorprendida.
Antony me miro.
—Para mi, la cocina es lo más importante del mundo—dejo claro el chico y sonreí—Quiero compartirlo contigo—.
Me sentía especial.
—Empecemos—.
Me dio un delantal que sin duda me lo puse, el se puso otro.
Me ate el pelo.
Para después lavarme las manos y empezar con la cocina.
—¿Alguna alergia?—me pregunto.
—El único problema que tengo con la comida es que odio el tomate—.
Quizás sea la persona más rara del mundo, no lo dudo ni lo niego pero odio con todo mi ser el tomate, en cualquiera de sus estados, por lo que no como Kétchup, es bastante gracioso ir a un lugar, y pedir lo que sea sin ello, todos me miran como si hubiera salido del circo pero para ser sincera es un sabor al que nunca me acostumbro, prefiero mucho más la mayonesa pero también aclaro que los sabores picantes son algo que se me repiten demasiado.
—Pongo música—me aviso.
En un tocadiscos puso un disco en un volumen adecuado para poder hablar pero dejándose escuchar.
—Perfecto—dije.
Me gustaba mucho todos los detalles que puso en esta cita.
Antony saco las verduras para cortarlas, saco un tomate que miro por unos segundos y lo aparto, haciendo que riera por el pequeño detalle.
—¿Sabes hacer repostería?—.
Le mire analizando su pregunta.
—Soy la mejor haciendo galletas de mi familia—.
Estaba orgullosa de ello, por lo que lo dije con orgullo, no creo que me tenga que avergonzar de que hay algo que se me de bien en la vida, vale, quizás esta mal que yo diga que soy la mejor pero así es, soy una gran cocinera, siempre lo he sido y es una cosa que mi hermana me enseño, si hay algo en la vida que se te de bien, pero bien con ganas debe ser algo que lleves con orgullo, no con miedo, sino que levantando la cabeza por ello.
—Pues haremos hamburguesas y galletas—.
Le mire por el extraño menu pero me parecía la cosa más tierna del mundo por lo que no me podía negar. Soy demasiado fácil de conectar, demasiado fácil para ganarse mi amor, no creo que el mundo, no creo que se necesiten muchas cosas para ser felices, creo que solo con un poco de amor y atención, todo esta hecho, Antony es la primera persona que me da atención, es la primera vez que me hace sentir la electricidad que se supone que es el amor.
—Buen menu—comente divertida.
Antony saco todos los ingredientes mientras le miraba atenta.
—¿Puedo hacer una pregunta?—.
Le mire.
—Eso ya es una—comente.
Antony me miro .
—Puedes preguntar lo que quieras—le deje claro.
La cosa es que podía preguntar, era cosa mía si respondía o no.
—¿Tu madre era también gemela?—me pregunto.
Le mire.
—¿Me has pedido una cita porque tengo una hermana gemela?—pregunte como respuesta.
Antony me miro.
—No—dejo claro.
No estaba muy convencida, pero le voy a creer porque sería demasiado rara y rebuscado que una persona quedara con otra porque tiene una hermana gemela, ¿Cuál sería su objetivo? ¿Salir con las dos diciendo que no nos diferencia? No creo que mi hermana se acercará a él, lo dudo, no creo que esa sea una razón lógica o con sentido.
—Creo que si, creo que en su familia hay mínimo un par de gemelos por generación, pero ni idea, no me hablo con su familia—le deje claro.
Me miro.
—¿Por?—.
Le mire por su pregunta.
—No lo se, no se las dos versiones, por mucho que quiera a mi padre y abuela, las historias siempre tiene tres versiones—le dije.
—¿Tres?—.
Gire mis ojos hacía los suyos y apreté mis labios.
—Imagínate que pasa algo entre tú y yo, si lo contamos, vamos ha hacerlo cada uno por como lo hemos sentido, dos versiones y luego esta la verdad que igual es la suma de las dos o algo completamente diferente—.
—Dile eso a la policía—me dijo.
—La policía solo quiere saber una cosa, lo que les interese pero eso no les hace malas personas—.
Me miro.
—Tu eres idiota con o sin delantal—le puse como ejemplo.
Antony me miro divertido mientras intenta fingir molestia y sin dudarlo me mancho la nariz con mayonesa-
—¡Oye!—le grite sorprendida.
—Soy idiota—me dijo haciendo un chiste de ello.
Sin dudarlo agarré un poco de harina y se la eche en el delantal.
—Puedes ser un poco más mala—me reto.
Le mire con ciertas dudas.
—Se mala—me susurro en el oído.
Notar su respiración en mi oído era una de esas cosas que repetiría muchas veces, su voz era demasiado atrayente como para encima te la diera en el oído, era una fantasia.
Agarré uno de los huevos y se lo estrelle contra su cabeza.
—Eso si es ser mala—.
Río mientras agarraba una botella de agua.
No quería mojarme, así que corrí para escaparme de él, pero no me iba dejar salirme con la mía y me siguió.
Reí mientras corría, recordándome una vez que empecé una guerra de comida con mi hermana en una boda y corrimos por todo el lugar en el que estábamos, solo teníamos ocho años, eso es lo que me hace sentir Antony, como si fuera una niña, como si todo lo pudiera hacer sin miedo a que me pasara nada, se que aunque no nos conozcamos de hace mucho me va a cuidar y proteger pase lo que pase.
Es raro.
Me intente esconder entre unas mesas pero antes de que pudiera entrar, me agarraron de la cintura.
—Antony—grite riendo.
—¿Que crees que me lanzas huevo y no me voy a negar?—me pregunto poniéndome en el suelo pero sin soltarme para que no pudiera escaparme.
Como pude me gire para mirarle.
—Tú me has dicho que lo haga—le comente.
Me miro.
—No niego que no me lo esperaba—.
Sonreí.
—Debo vengarme—.
Negué por su comentario.
—No—le dije haciendo puchero.
Antony dejo la botella en la mesa y paso su mano por la cara pensando que hacer porque obviamente mi puchero era la cosa más irresistible que se había encontrado en su vida.
—Vamos a empezar mal la relación si empiezas a manipularme así de fácil—.
Me quede impresionada por sus palabras y le mire demasiado emocionada. Nunca he tenido novio y que sea el primero, creo que no me importa, no veo lo malo en ello, se tiene que empezar por uno, no es que quiera tener mil novios, quizás un amor, un único amor sea suficiente pero si no tenemos parejas no sabemos cual es la indicada.
—¿Relación?—.
Me miro sorprendido por mi pregunta.
—No se que quieres que salga de esta cita—me dijo.
Muchas cosas, pero no se las voy a decir, no es el momento ni la situación.
Se que tener mi primera relación con un delincuente puede que no sea la mejor decisión de mi vida, pero mi padre era un criminal, y era una buena persona, era una de las personas que más quería, que más me quería por lo que no hay nada malo en que salga con Antony. Se que a mi hermana no le gusta, se puede decir que le odia, mi hermana odia a la persona que me gusta pero no le gusta casi nadie, por lo que, debo vivir sin tener miedo a ser como soy, a que ella me deje porque si me quiere como yo lo hago a ella, se quedará a mi lado pase lo que pase.
—Empecemos poco a poco—.
Le di un golpe en el pecho mientras decía esas palabras, no se lo que es poco a poco pero como es una cosa que se dice siempre.
—¿Como se hace así?—me pregunto.
Sin dudarlo junte nuestros labios dando yo el primer paso para un beso pero sabiendo que me iba a seguir porque lo hizo.