CAPÍTULO VII-1

2012 Palabras

El Marqués se encontraba de pie junto a la ventana mirando hacia el jardín. Las azaleas esparcían sus colores carmesí entre la blancura de las lilas y el aire se perfumaba con su aroma. El sol se ocultaba en el horizonte, prestándole sus colores al cielo y el Marqués disfrutó de la belleza del espectáculo. Durante esas últimas semanas en el Castillo había sido más feliz que nunca y sabía que se lo debía a Idylla. Nunca en su vida había conocido un éxtasis y una alegría semejantes y se dijo que, de poder obedecer sus impulsos, se quedaría aquí para siempre, sin regresar jamás al mundo social que demandaba tanto de él. Aquí, Idylla y él se sentían como si vivieran en un Castillo encantado y la soledad de Essex fuera un mar desconocido. Con un suspiro que brotaba del fondo de su ser, el M

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