Capitulo 24

591 Palabras

—    ¡Bingo! —dijo Dante suavemente. —    ¿Y no has usado...? —empezó a decir Helena. —    No —contestó él, paseando por la habitación. Helena lo miraba guiñando los ojos, pero sin lentillas no podía ver nada interesante. Aquel pensamiento hizo que se ruborizara—. Ha sido culpa mía. Soy un idiota —estaba diciendo el—. No quería pensar, no podía pensar. No tengo excusa, maldita sea... —    Así no ayudas nada —lo interrumpió Helena. Como recompensa, Dante se colocó directamente frente a ella—. Esto es tan culpa tuya como mía —insistió, intentando pensar con claridad. Aunque era casi imposible después de las sensaciones explosivas que acababa de experimentar. Su cuerpo le seguía pareciendo el cuerpo de otra mujer—. Ni siquiera se me había ocurrido pensar... —    Lo sé —murmuró él, sentán

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