Y con aquel beso a plena luz del día, con el sonido del mar debajo de ellos, Helena se enteró de qué era lo que estaba perdiendo en la vida. Cuando Dante la soltó, le temblaban las rodillas y se hubiera caído si él no hubiera tomado por la cintura para llevarla al coche. Ninguno de los dos mencionados nada. El motel era un edificio de madera construido al borde del acantilado que parecía mezclarse con el paisaje agreste. Cuando Helena abrió la puerta de su habitación, se quedó boquiabierta. - ¿Qué ocurre? —Preguntó Dante. Mira. A través de los cristales de una puerta corredera, vean el mar que se extiende ante ellos. La vista era impresionante. Un diminuto jardín de hierba separaba la habitación del acantilado. Las nubes grises en el horizonte amenazaban con lluvia y al este, una tor

