Enterarme que habría sido padre de un bebé de Andrea, me sacó de mi amada zona de confort. Habría dado cada órgano de mi cuerpo para complacerla, y ella de la nada me comentó que había perdido al hijo que engendramos con amor, eso sin mencionar que no podría tener más hijos por un problema en su organismo. En ese instante quise convertirme en piedras, ser lanzado al mar y ahogarme en el fondo del océano. Me tomó todo ese día reponerme de lo que ella me había dicho, hasta llegada la tarde, cuando regresé al rancho e hice de tripas corazón. Ella merecía un poco de felicidad en su vida, así que me prometí a mí mismo hacer de esos días los mejores. La llevaría a un hermoso lugar, cenaríamos fuera y la haría reír por todos los años que lloró en mi nombre o en nombre de ese amor que perdimos en

