Sabía que debía arrepentirme de lo que habíamos hecho, pero era imposible arrancarme la sonrisa del rostro. Estar de nuevo con el amor de mi vida, era algo que nunca podría sacar de mi cabeza. Y sí, entendía las consecuencias de nuestros actos; era evidente que no éramos los mismos de doce años atrás, o los jóvenes que se acostaron la primera noche que se conocieron, pero eso no le restaba pasión al momento. Sentirlo entre mis brazos, con su pecho junto al mío o escuchar los latidos de su corazón al dormirme con el rostro sobre su torso, fue una epifanía que no planeaba abandonar como el resto de las veces. Fui una cobarde años atrás, cuando las cosas comenzaron a tornarse difíciles, pero la vida misma me enseñó que nada cae del cielo además de la lluvia, y que si algo quería con toda mi

