Clarice llegó esa noche al hospital sintiéndose más segura de sí misma. Siempre pensó que ser una persona arrogante sería contrario a sus principios y valores, pero entendió que en ocasiones debía comportarse de esa manera para así sortear los golpes que sus rivales le dirigían. Si no tenía más confianza en sí misma y en lo que hacía, perdería mucho más de lo imaginado. Tricia la recibió con una sonrisa, como todos los días. La mujer ya se dedicaba a sus labores sin que aún hubiese iniciado su hora de trabajo. —Pareces muy alegre —bromeó al estar cerca de ella y ocupándose en organizar los implementos de trabajo de ese día. —Lo estoy —aseguró Clarice dejando sus pertenencias en su casillero antes de ponerse su bata de trabajo. —¿Te ganaste la lotería? —Es posible —respondió a modo de

