S i n E d i t a r P R E S E N T E A L A N M O O R E El viejo me miraba con burla y yo solo quería sacar mi maldita pistola y dejarle una bala en la cabeza pero sabía bien que no podía hacer eso, primero porque era el que me estaba ayudando con lo que quería — Yo sé cómo debo actuar niño– Doble los malditos ojos, este niño es tu maldito jefe, aún así me reserve la respuesta – Conozco a mi hija — Entonces hágalo creíble porque cuando le avisé lo que sucedería el día de hoy me dijo que usted no era idiota que no iba a creerse mis palabras – Le dije ya molesto con su actitud ¿Que demonios se creía el? — Está bien – Dijo. Se levantó y camino hasta la puerta del despecho – Llama a mi hija Chiara– Le ordenó a uno de sus empleados este no tardó en desaparecer, el viejo cerro

