Capítulo III

2390 Palabras
—Entonces… ¿Qué nombre escogerás? —preguntó ella adormilada mientras L-05 le acarició el cabello con ternura. El silencio los había envuelto y ella necesitó romperlo. —Tengo un libro de nombres, seguro que te gusta alguno —acotó más emocionada—, voy por él. Pero antes de que pudiera levantarse de la cama L-05 la atrajo a su pecho arrancándole una risita de los labios. —No te alejes, no puedo dejarte ir, no ahora. Sus ojos se observaban fijamente mientras que él acariciaba su cabello. — ¿Qué nombre te gusta? —murmuró contra sus labios. —Yo… no puedo pensar si me miras así —rió encantada y él sonrió enseguida—, aunque siempre me ha gustado mucho el nombre de… Dierk. —Entonces Dierk será. * A la mañana siguiente L-05 o ahora Dierk abrió los ojos y gruñó al no sentir, oler, ni ver a su compañera a su lado, su bestia rugió furiosa en su interior y cuando se levantó de la cama se encontraba convertido en una majestuosa pantera negra. En esa forma se desplazó de la habitación siguiendo el aroma de su mujer calmando de apoco la furia que había comenzado a surgir, a medida que el aroma se hacía más fuerte fue relajándose. Al llegar a la cocina la escuchó tararear una dulce melodía a la vez que se movía de un lado a otro por la habitación, Catarina sintió la mirada en su espalda y cuando volteó fue inevitable que soltara un grito, nunca lo había visto en su forma animal y era entendible. Ya que no quería asustarla Dierk se convirtió en humano ante sus ojos. Ella lo miró perpleja no obstante después dejó escapar el aire contenido mediante un suspiro. —Pensé que se había metido una pantera a la casa e iba a morir lenta y dolorosamente... Se calló abruptamente al contemplar la desnudes de su hombre en medio de la cocina. Dierk era dos metros de pura tentación, lentamente esbozó una sonrisa pícara y dejó a un lado el paño de cocina. Al igual que los de ella los ojos de él la miraban con una promesa clara directamente desde sus pensamientos más sórdidos y antes de que Cat pestañara dos veces ya lo tenía al frente de ella atrapándola contra el mesón a sus espaldas. Cat no ocultó su sorpresa pero cuando Dierk la besó todo quedó en el olvido. —Seguro que te haré morir lenta y dolorosamente gatita, pero no de esa forma, sino entre mis brazos —dijo él con chulería. Ella arqueó una ceja antes de soltar una carcajada. —Dios, ¿Qué te he hecho? Aprendes muy de prisa. En el momento en el que se vio atrapada por sus fuertes brazos apretó los suyos alrededor de su cuello pero enseguida notó que algo iba mal, se lo dictaba el matiz extraño que habían adquirido los ojos de Dierk, en ellos pudo encontrar angustia, temor y quizás también dolor algo que la removía desde lo más profundo. El dolor de Dierk era el suyo propio, ambos eran uno mismo. — ¿Qué sucede? Ante su pregunta él arrugó el ceño y frunció sus labios, parecía querer negar lo innegable para que ella estuviera tranquila pero cuando trató de alejarse Cat lo sostuvo con fuerza. —No te vayas, dime que va mal y lo solucionaremos. Después de un titubeo él suspiró y su cara de derrota la puso aún más en alerta. Dierk parecía desanimado por algo y ella no permitiría que siguiera de esa forma. Tomó su cabeza entre sus manos e hizo que sus ojos se miraran fijamente tratando de que él no escondiera la verdad. —Dímelo Dierk —susurró sobre sus labios pero ninguno de los dos se movió. Estaban parados frente a frente mientras sus ojos susurraban todo lo que sentían el uno por el otro. —Siento que estoy siendo muy egoísta, te tengo y eso es lo único que he anhelado en mi vida pero a veces pienso que no te merezco Catarina yo… no puedo darte cachorros, y sé que es lo que siempre has soñado, casarte y tener tu propia familia pero si estás conmigo nunca obtendrás eso que tanto deseas, nunca podrás ser madre si sigues conmigo, los cambiaformas somos híbridos incapaces de reproducirnos. Por un momento ella se quedó en silencio como si analizara sus palabras aunque conociera perfectamente lo que él decía. Cat lo soltó dándole la espalda y Dierk sintió un extraño dolor en su pecho. Si ella lo dejaba… Se lo merecía, después de todo si no podía hacerla feliz completamente de qué le serviría estar con ella. Su Cat debía tener todo lo que quisiera y él se encargaría de ello… aunque no estuviera a su lado. —No sé si está bien que estemos juntos —murmuró con el corazón doliendo cada vez más. — ¿Crees que yo no he pensado en ello Dierk? ¿Crees que te he traído a casa conmigo para después botarte por no poderme dar hijos? Ella se giró con el ceño fruncido en cólera y de repente él se sintió confundido incapaz de responderle. — ¡¿Piensas que soy una niña que no sabe tomar sus decisiones?! ¡He esperado por ti panto tiempo que no veía la hora de poder estar juntos y tú crees que por el hecho de que no puedas darme un niño voy a dejar de amarte! Eso es que no me conoces —murmuró por último causando un sentimiento de desasosiego y desesperación en él. Catarina caminó en dirección a la puerta y casi juró que su corazón se detuvo. Dierk no supo qué hacer para remediar su rabia pero lo que si sabía es que no la dejaría marchar. A grandes zancadas la alcanzó tomándola de la mano la giró hasta que chocó contra su pecho. No necesitaron palabras porque sus ojos tenían un mismo lenguaje. —No quiero hacerte daño —susurró aferrándose a su cuerpo. —Y yo no quiero que decidas por mí, tu eres mi felicidad y si no podemos tener niños entonces adoptaremos pero ahora no es tiempo de pensar en ello somos jóvenes aún. Él no tuvo tiempo de responder cuando un grito los hizo sobresaltar. — ¡Me quedé ciega! —chilló la mujer rubia. Ambos voltearon a verla en el umbral de la puerta tapando sus ojos justo al lado de A-96 quien la observaba divertido hasta que volvió su mirada a ellos. —Hombre, tapate. Dierk gruñó y rápidamente Catarina avergonzada tomó un cojín del comedor y se lo tendió a su compañero. — ¡Maldita sea Catarina, más te vale que tengas una buena excusa para esto! A-96 entornó los ojos y una vez más Dierk gruñó antes de hablar. —No hay ninguna excusa rubia, lo que ves es lo que hay. — ¡Espero que ya estés cubierto maldito sarnoso, porque cuando patee tu retaguardia no quiero que mi lindo pie toque tu asquerosa piel desnuda! A-96 rió mientras Catarina bufaba, definitivamente vivir bajo el mismo techo no iba a ser tan fácil como creía. Caminó hasta su tía impidiendo que Dierk pudiera explotar contra Eleni. —Vamos Eli, esperemos que Dierk se ponga ropa y hablaremos. Le lanzó una mirada amenazante a su compañero entonces él calló lo que iba a decirle. Eleni la miró a ella furiosa tratando de no mirar al cambiaformas. —A ti voy a zurrarte niñita, apenas tienes edad para irte de fiesta ¡Y ahora metes a la casa a un…! Dios, dame paciencia. A-96 y L-05 las observaron marcharse en silencio y cuando desaparecieron el cambiaformas de león posó su mirada felina en él. Automáticamente A-96 soltó una carcajada acercándose a su amigo antes de palmear su hombro divertido por la situación, todo lo contrario a la pantera que lo fulminaba con la mirada. —Estás en problemas. — ¡El que necesita paciencia soy yo, esa maldita mujer va a volverme loco! A-96 o Leonardo hizo una mueca antes de hablar otra vez. —Entiéndela un poco, ella siente que estás invadiendo su casa además que ella es muy… ¿Cómo se dice? ¿Conservadora? No lo sé, yo también creo que estoy ciego —dijo burlón—, esta es su casa y tu eres el intruso, gánatela o no vivirás en paz, incluyendo a tu hembra. Dierk gruñó sabiendo que tenía razón. —Así que has conseguido nombre, Dierk es original, yo soy Leonardo ahora… — ¿Qué estás haciendo aquí de todos modos A-96? —Me siento bienvenido en tu casa —dijo con desdén—, la gente aquí es tan hospitalaria pero no me decido de quien es mejor si tú o tu tía política. Dierk volvió a gruñir. —Bien, cámbiate, no queremos que Eleni se asuste más, tengo algo que decirles a ti y a tu hembra. Él arqueó una ceja con curiosidad. Había algo extraño en Leonardo respecto a Eleni, la miraba totalmente relajado como si ella no fuera una de las causantes de sus pesadillas. Sin pensarlo demasiado fue a la habitación que había compartido con Catarina y se vistió con lo único que tenía, enseguida siguió el aroma de miel y manzanas de su compañera y encontró a todos esperando por él en la sala, sus caras lo preocuparon y enseguida preguntó qué pasaba. —Tenemos que ir a la manada de Leonardo, no estamos seguros aquí. Su rostro se contrajo de furia porque sintió el temor de su compañera, nada debía perturbar su paz, volteó a donde estaba Leonardo pero el león alzó las manos burlón conociendo sus pensamientos. — ¡Voy a protegerte! Nadie va a hacerte daño gatita. La tomó enseguida entre sus brazos tratando de calmar su nerviosismo sin dejar de acariciar su suave cabello. —No seas ridículo, no puedes protegerla, solo eres un hombre… —No molestes Eleni —dijo con la mandíbula apretada sin apartar su vista de Catarina quien parecía más tranquila pero no lo suficiente como para dejarlo a él calmado. —Esta vez estoy de acuerdo con mi tía, debemos mantenernos a salvo, me sentiré más segura si estamos ahí, con los tuyos. Dierk suspiró, a él le daba igual dónde estuviera mientras se mantuviera con ella. —Esta bien. —Okey niñita, voy a cuidar de la casa mientras no estés, pero te advierto, ¡Más te vale volver! Esta es tu casa tanto como mía. — ¡¿Qué tonterías estás diciendo rubia loca?! —gruñó Dierk hacia ella adelantándose a la protesta de Leonardo—. Por ningún motivo vas a quedarte sola. —Estoy de acuerdo —habló esta vez Leonardo con voz áspera y ojos fríos—, no vas a quedarte aquí por ningún motivo, tu hermano escapó lo sabes, ambas están en peligro. —Sam cree que Rina es la causante de todo, yo no estoy en riesgo, mi hermano no me dañaría. — ¡Tu hermano es un psicópata como el resto de tu familia, salvo por Catarina! —gritó Leonardo enojado. Eleni se quedó en silencio bajo la mirada de los tres mientras su tez se volvía más pálida. —Eres un idiota. Entonces se levantó y con la dignidad que le quedaba se marchó a su habitación. —Lo jodiste. —Yo voy a hablar con ella —murmuró Catarina antes de ir a buscarla. — ¿Cuándo escapó? —preguntó Dierk cuando perdió de vista a Catarina. Leonardo sin embargo parecía muy culpable y se removió incomodo en el mueble. —Hoy —dijo después de un largo silencio—, no podemos dejarlas desprotegidas. —Nunca, la rubia significa demasiado para Catarina, no voy a dejar que sufra, también la protegeré a ella. * —Estoy segura que Leonardo no quiso decir eso Eleni. La rubia la miró furiosa apartando de un manotazo las lágrimas de sus ojos. — ¡Me llamó psicópata, no lo defiendas! —Dijo que nuestra familia era psicópata, no tu. — ¡Todos menos tú, querrás decir! —Recordó—, no me incluyó a mí, no voy a ir a un lugar donde me crean una psicópata. —No seas dramática Ni, piensa en tu seguridad. —Rina… — ¡Si tú te quedas yo me quedo! —chilló como una niña sabiendo que su tía preferiría protegerla, siempre había sido de ese modo. — ¡Catarina! —Te lo advierto, y no bromeo. Esta vez Eleni suspiró audiblemente. —Muy bien, pero yo no socializo, lo sabes. Inevitablemente Catarina sonrió y la abrazó con fuerza. * — ¿Crees que estaremos bien? —preguntó Cat acariciando el brazo de Dierk quien la acunaba más cerca de él. Hacía dos días estaban en la manada que había formado Leonardo pero por alguna razón tenía un mal presentimiento. — ¿Por qué preguntas eso? Claro que lo estaremos, siempre te mantendré fuera del peligro, voy a protegerte compañera. Ella lo besó cuando la emoción la cubrió antes de volver a apoyarse sobre su pecho y después de un largo silencio ella volvió a hablar. —Me preocupa mi tía, ella no parece estar llevando bien el estar aquí en la manada. Dierk hizo una mueca. —Pues tendrá que acostumbrarse, afuera pueden hacerle mucho daño. —Lo sé, aún no puedo creer que estemos en peligro y sea nuestra propia familia la amenaza. Su voz sonó más asustadiza de lo que creía y enseguida él lo notó. —No debes temer, ya te lo dije, te protegeré y por verte completamente feliz a la rubia también. Ella alzó sus ojos hasta él y estos lagrimearon sin poder evitarlo, lo amaba pero tenía tanto miedo de que su familia se lo arrebatara, estaba segura que Dierk moriría por ella, por protegerla aunque lo que él no sabía es que su esfuerzo sería en vano pues si él moría también lo haría ella. Él era su motivo para levantarse cada día porque Dierk le daba algo que había tenido aunque en muchas dosis, amor. —No quiero que me dejes nunca Dierk. —No tienes que pedirlo porque nunca voy a hacerlo, eres mía gatita, mía para proteger y cuidar.
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