Félix La noche cayó despacio sobre el hospital, y con ella llegó ese silencio raro que no es paz, sino espera. Habían pasado varias horas desde la última vez que ella entró a mi habitación. Demasiadas y cada vez que se abría la puerta, mi cuerpo reaccionaba antes que mi cabeza, con una expectativa absurda que intentaba disimular mirando al techo o fingiendo que dormía. Pero no era ella, siempre era una enfermera, así como ahora habia entrado una mujer distinta y comenzó a ajustar el suero que tenía. Hace unas horas una revisó mis signos, otra más preguntó cómo me sentía, todas eran correctas, amables, pofesionales y distantes. Pero ninguna era la que yo estaba esperando. La ansiedad empezó a instalarse en el pecho, incómoda e insistente, no entendía por qué me afectaba tanto. Me h

