—¡Jamás! El niño sonrió y por un impulso me abrazó por las piernas, esta vez no cometeré el mismo error que con María Paula. Lo cargué, y se prendó a mí como un koala. —Gracias, señor. Ahora si puedo dormir, he estado despierto, mi mamá siempre ha hablado con la nana, le dice que temía que usted no nos acepte y se enoje por llevar su apellido, pensaba que cuando usted llegara nos iba a devolver, no quiero pasar hambre otra vez, desde que ella nos encontró no me han vuelto a pegar. Si algo no toleraba en la vida era el maltrato a un niño, por eso era tan sobreprotector con Ernesto y cuando vi las marcas dejadas por Sandra aquella vez, puse en alerta a Alejandro. Con cada minuto descubría a una Patricia distinta, aunque a ella los niños siempre le había gustado. —Debes dormir, mañana h

