Capítulo Cinco

1161 Palabras
Benjamín Mia parece perder la cabeza. —¿Un homicida invisible? —entrecierra sus ojos—. Tú debes estar jodiéndome. ¡Ese hombre tuvo que dejar alguna pista! —De igual forma, Mia. Me parece que este caso no nos concierne a nosotros. Tengo que hablar con uno de los agentes para que se encargue del mismo —Malcom está por salir de la sala cuando Mia corre a la puerta y la cierra directamente en la cara del federal. —Yo no voy a permitir que conociendo mejor el caso que todos esos "agentes", vayas a dárselos. —¡No es nuestro caso, Mia! —Fowler se exalta y sé que debo intervenir. —Mia, —la tomo de los brazos—, me parece que Malcom tiene razón. Nosotros no... —Mia se suelta de mi agarre y enfrenta a nuestro supervisor. —No me importa si no es nuestro caso. O cooperamos con el caso de Felicia, o me verás hacer hasta lo imposible por dejar al poeta afuera de prisión. Tú decides. Malcom se cruza de brazos y observa a Mia, el desafío cruzando por sus ojos—. Puedes hacer lo que quieras. Volverías a prisión. —Ya estuve una vez y si estoy viva es porque sé ingeniármelas dentro de la cárcel —ella se acerca más a él—, pero tú no sabes cómo vivir sin poder resolver un caso que quizá solo yo pueda ayudarte a cerrar. Malcom mira a mi compañera con la furia saliendo de sus ojos como dagas. Nunca nadie se había atrevido a enfrentar al federal, y ahora Mia Wagner estaba haciéndolo sin miedo a volver a prisión. Tiene que estar loca, esa es la única respuesta para la decisión que estaba tomando. Se trata de un simple caso, ¿por qué tiene tanto apego al mismo?  El federal suspira y mira a Felicia—. Te enviaremos a protección al testigo hasta que tengamos información de algo más —yo abro la boca sorprendido mientras que Mia sonríe en señal de victoria. Había manipulado a un agente del FBI.   Luego de haber dejado a Felicia en protección al testigo, entro a mi apartamento. Al encender la luz, el sofá individual se voltea dejando ver la figura de Aaron. —¿Qué rayos? —exclamo. ¿Cómo llegó aquí? —Querido amigo, —Aaron se levanta y sonríe—, ha pasado un largo tiempo. —Desde que Mia entró a prisión —susurro. Es como ver un fantasma. —Bueno en mi defensa, ella había sido atrapada. Supuse que esa era mi señal para huir —se encoje de hombros. Nos quedamos en silencio durante unos segundos hasta que nos abrazamos con gran cariño. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a Aaron. Cuando atraparon a Mia y yo comencé a trabajar para el FBI, Aaron decidió abandonar el país y continuar con su vida lejos de nosotros. Ahora estaba de vuelta, pero no tenía muy claro su razón para haberlo hecho. —¿Por qué estás aquí? —frunzo el ceño—. Que yo sepa no hay algo de suficiente valor en la ciudad para atraerte. —Pues no, pero sí hay quienes valen una fortuna —sonríe y camina por la sala—. Supe que el dúo dinámico se ha reunido de nuevo. Suelto un gran suspiro. Así que por esa razón vino. —Aaron, Mia y yo no... —él me interrumpe. —Lo sé, ella debe estar imaginando una forma de torturarte y matarte —ríe. —Eso no tiene nada de gracioso —enarco una ceja. —Lo es —me mira fijamente. —Sigues sin explicar que haces aquí. Si sabes que Mia me detesta y solo trabajamos para el FBI, ¿a qué viniste?  Aaron me mira como si me hubiese salido otra cabeza del cuello—. ¿Es que ni si quiera lo imaginas? —¿Imaginar qué? —La razón de porqué Mia salió de prisión —me cruzo de brazos sin entender a qué quiere llegar —. ¿Es en serio? —Sí —asiento, frustrándome por tanto misterio —¡Mia no salió para buscar redención, Benjamín!  —¿Qué? Claro que ha sido por eso, quiere reducir su condena. Aaron lanza una carcajada y hace a limpiar sus falsas lágrimas del rostro. —¿En serio crees que fue por eso? Parece que no conoces a Mia. —¿Por qué más lo haría? —lo miro confundido. Es la única razón de porqué decidió aceptar nuestro acuerdo. —Benjamín. Mia nunca ha tenido una sola razón para hacer las cosas. Siempre hay algo detrás, sea bueno o malo, y yo presiento que lo que hay detrás de ese acuerdo es... —Vengarse y huir —susurro, Aaron asiente. ¿Mia pretende traicionarnos y vengarse?   Entro a la sala de reuniones y observo a Mia al final de la mesa. Lleva un vestido color vino que se ajusta perfectamente a sus curvas y por un momento logra descolocarme, pero no puedo distraerme de lo que realmente importa. ¿Estará dispuesta a traicionar la ayuda de Malcom? —Buen día —Malcom habla, logrando que quite la mirada de mi objetivo y me dirija hacia él. —Buen día —saludo—. ¿Alguna novedad? —Esto —Mia habla por primera vez, lanzándome una carpeta con la información de un hombre. —Su nombre es Tom Fellock. Es un doctor retirado del Hospital Central, tiene cincuenta y dos años, y tiene una mujer la cual se convertirá en su ex- esposa en unas semanas. —¿Ex- esposa? —frunzo el ceño y Mia bufa. —Ella le ha atrapado con otra mujer que fue su asistente durante mucho tiempo en el Hospital. Una vez que lo encontró, decidió pedirle el divorcio y quitarle todos sus bienes ya que tienen tres hijos. El hombre se negó por las buenas, así que la mujer decidió contactar a Felicia para que llevara el caso. —todo llega a mí como un choque eléctrico. —Así que él es quien intentó matar a Felicia, ¿correcto? —Malcom asiente a la vez que enciende la pantalla, mostrando una fotografía de nuestro objetivo. —Él sabe que Felicia es una de las mejores abogadas de Nueva York, por lo que se sintió amenazado y se vio obligado a llegar a últimas instancias... —Asesinar a quien podría quitarle todo —termino por Malcom. —Exactamente. Cierro la carpeta y miro a mi jefe, esperando un plan por su parte. ¿Cómo se supone que vamos a atrapar a ese hombre si no hay huellas ni nada que puedan delatarlo? —Es ahí donde entra Mia —Malcom comienza a responder a mi pregunta no formulada—. Ella se hará pasar por una abogada defensora de su caso y lo llevará a que confiese el intento de homicidio. Mi vista se enfoca en Mia, quien está sentada sobre una de las sillas con las piernas cruzadas. Mi mente comienza a imaginar cosas indebidas con ella y sé que es momento de recordar las palabras de Aaron. Ella quiere traicionarnos. —¿Y cómo se supone que hará eso? —me cruzo de brazos— ¿Regalándole una pintura robada? —mis palabras parecen dejar a Mia sorprendida por completo, pero no lo suficiente para callarla. —Mis métodos no son tan obsoletos y estúpidos como los tuyos, Benjamín. Sin más, ella sale de la oficina dando un portazo, lo que me dio a entender que su odio por mí solo ha aumentado.
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