Capítulo 32. Si morir significaba alejarme de él, yo ya estaba muerta desde que lo conocí. Me fue sorpresivo encontrármelo de nuevo y no hubiera imaginado nunca, luego de alejarnos, que terminaríamos así; bailando bajo guirnaldas y decoración navideña en una casa gigante ubicada en un barrio privado. El dinero estaba por doquier, vestidos, trajes caros, relojes y celular caros. Me era imposible entender cómo había llegado allí luego de estar días sin comer y horas sin dormir. Me sentía afortunada. —¿Cómo has estado?—me pregunta Max, con tono tranquilo mientras la música nos lleva a un vals inesperado—. Tapeaste la ventana de tu habitación. Así que, no sé sinceramente cómo has estado—carraspeó, como si lo hubiera recordado. Mi rostro se acaloró y no fui capaz de mirarlo ante ese c

