"¡Polla!" gimió. "¡Cuánta polla!" "¿Qué eres?" gruñí. ¡Muñeca s****l! ¡Soy tu muñeca s****l! —gritó—. ¡Tu coño estrecho, muñeca s****l! ¡Soy tuya y de tu polla enorme! "¿Y cuando te follo?" "¡Cuando quieras! ¡Cualquier día! ¡Todos los días! ¡Por favor! ¡Sigue follándome! ¡No pares nunca!" Levanté su cuerpo pálido, firme pero voluptuoso, y lo bajé con facilidad sobre mi polla. No oí entrar a Elaine ni a Katie. Solo levanté la vista cuando oí el sonido de Katie, asustada, dejando caer su bolsa de la compra al suelo. Una lata de chili cayó sobre la alfombra y rodó hacia mí. Miré hacia arriba y vi expresiones de sorpresa en ambos rostros. "Hola, cariño", dije. Con una amplia sonrisa, dije: "Randi ha venido a vivir con nosotros". Moví su ágil cuerpo hacia arriba y hacia abajo con mi vara

