Impureza

1251 Palabras
Yo continuaba abrazada a Ana cuando la vi que se acercaba a nosotras aplaudiendo con gran cinismo en toda ella, la repulsiva, Dr. Carmen la neonazi que lideraba este sitio, caminó hasta nosotras y se detuvo al frente nuestro —Bravo, bravo Isabel, has hecho una obra de teatro espléndida, creo que en vez de seguir siendo una gran inútil enfermera que deja morir a sus pacientes por un simple sangrado y aquí está la prueba — apuntó el c*****r de Estela —debería dedicarse mejor a ser actriz, quizás no seas tan incompetente como aquí. La miré con odio deseando asesinarla con mis propias manos apretando su tan delgado cuello, no le respondí nada, pero pude sentir como Ana tragó en seco y tomó aire para responderle —Esto no es culpa de ella, si usted hiciera mejor su trabajo nada de esto hubiera sucedido La doctora giró su cabeza aproximadamente unos cuarenta y cinco grados y en su boca un gesto de ira que hacía que temblaran sus labios mientras Ana seguía hablando — Si hay alguien asesino aquí es usted y esos medí... No la dejó terminar la frase - Me estás diciendo a mí como hacer mi trabajo, a mí que te dejé trabajar aquí negra asquerosa, ¿sabes donde deberías estar tú junto con toda tu r**a y estos locos de mierda que arruinan el mundo? Muertos. Y estás despedida, salgan de aquí antes de que llame a la policía,¡largo! Caminamos rápidamente a a través del Gran Salón hasta salir de él – Vamos rápido antes de que esta loca nos mande hacer algo —me decía Ana —parpadeaba sus palabras y sus labios temblaban. Salimos del hospital y montamos en mi auto. - ¿Puedes llevarme a casa? No me siento bien para conducir— le dije a Ana recostada del asiento mientras secaba mis lágrimas. - Claro dime por donde Ana condujo por toda la calle mientras le indicaba por donde estaba mi casa hasta llegar - ¿Si quieres me puedo quedar? No es ningún problema para mí - No, de verdad no hace falta... Estoy bien, ya has hecho bastante por mí y no quiero molestarte más. - No es ninguna molestia, para eso estamos las amigas - No, de verdad, mejor ve a casa y descansa - Está bien, pero prométeme que estarás bien —sostenía mi mano mirándome a la cara - Te lo prometo Ana bajo del auto y vi como se alejaba por la parte trasera del auto a través del retrovisor. Recosté mi cabeza del asiento—suspiro y paso mis manos por mi cabello. Ana caminando por la acera, faltando pocos metros de mi casa una leve llovizna empezó a caer mojando mi uniforme blanco, apresuró mis pasos —corro hasta que llego a la puerta, la abro rápido y entro en casa, lanzo mi bolso sobre la butaca y saco mis zapatos presionando la parte delantera del zapato izquierdo con la trasera del derecho, me tiro totalmente exhausta en mi sofá y recuesto mi cabeza — suspiro dejando escapar entre mis labios un leve quejido. Siento pasos detrás de mí — giro mi cabeza y no veo nada, vuelvo a recostar mi cabeza, vuelvo a sentir el ruido del caminar de zapatos — giro mi cabeza, miro la cortina movida por una leve brisa... Una silueta de un hombre, mi corazón late rápido, mis manos comienzan a temblar junto a mis labios — se acerca a mí, se está acercando — grito fuerte y desesperadamente, corre hacia mí y golpea mi cara con un puñetazo y caiga al suelo, tapa mi boca con ásperas mano. Mi cabeza confusa por el golpe y mis ojos entre abiertos me dejaron ver el físico del hombre, era Raúl, el amigo de la doctora que ya había agredido a otras enfermeras que habían tenido algún tipo de problema con ella —sigo gritando fuerte, él golpea mi cara una y otra vez con su mano abierta haciendo que mi cara se mueva a los lados con cada bofetada, mis oídos escuchan un incesante silbido y mi rostro pegado al suelo hace que mi aliento rebota con el suelo —Me tiró al sofá y empezó a romper la ropa — ¡No, no por favor! — le decía llorando y tratando de detenerlo con mis débiles manos. Golpeó mi boca con una fuerte bofetada y rompe mi labio inferior derramando gotas de sangre sobre mi roto uniforme blanco—Cállate —pasa su lengua por mi boca y lame la sangre, grito y él vuelve a golpearme, me toma por el cabello y lo hala con rabia — escúchame bien, si no quieres morir será mejor que no te atrevas a gritar más, si no quieres que mis manos estrangulen ese estrecho cuellito —Tartamudeo mirándolo a los ojos e implorándole —¡Por favor no lo hagas!, pone su dedo índice en mí mis labios y lo presiona leve —sssssshhh Rompió completamente mi uniforme y ropa interior. Mi cuerpo débil tirado en el sofá por causa de todos sus golpes en mi rostro le facilitaron las cosas, el bajo su pantalón azul de mezclilla e introdujo bruscamente su asqueroso m*****o dentro de mí —lloro desesperada —sostiene mi cuello, gime mientras su cabeza está pegada a mi cuello y sus toscos movimientos lastiman mi interior, el tiempo se hacía eterno teniendo a semejante vestía sobre mí, después de una larga espera siento que se levanta bruscamente, sube sus pantalones y sale de mi casa — muerdo mi sofá con rabia mientras lloro de sufrimiento. Me levanto lentamente con mi cuerpo completo adolorido y camino hacia el baño, me detengo frente al espejo el cual deja al descubierto la fragilidad y asquerosa imagen de una mujer violentamente violada — un fuerte grito de ira sale de mi boca haciéndome golpear con un puñetazo el espejo rompiéndolo en pedazos, caigo al piso totalmente devastada, mi cuerpo desnudo tirado sobre miles de cristales rotos — lloro sin consentimiento — paso mi mano por mi entrepierna y noto que esta llena del arqueros y aún caliente cenen del moustro que había consumado mi cuerpo sin mi consentimiento. No tengo fuerzas, así que me arrastro hasta la bañera, los vidrios cortan mi piel a medida que intento arrastrarme dejando salir abundante sangre — gritos desgargantes salen de lo más profundo de mi garganta al sentir como cada trozo de vidrio penetra cada parte de mi cuerpo desnudo. Por fin logro llegar a la bañera, me levanto lento, muy lento y llorando como niña pequeña entro a la bañera, me siento y abro el grifo. Su agua helada llena la bañera y me hace temblar de frío, tomó una esponja del estante que tengo a mi derecha y la foto fuerte en mi entrepierna — lloro y me quejo del dolor, pero necesito sacar toda la impureza que queda de él en mi cuerpo. Me siento sucia y asquerosa, veo mi reflejo en el agua — lo golpeó y lloro más fuerte, recojo mis piernas hacia mi pecho y las abrazo. No sé cuanto tiempo pasé allí, había perdido la noción del tiempo. Me levanto y camino hacia mi cama, me siento mirando a la pared, abro el cajón a mí y tomo una pistola que había enredado de mi abuelo — mis manos temblaban mucho, tanto que se me hacía casi imposible sostener el arma— la cargo...
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