DAMARIS
Por fin ha terminado su pequeño discurso. La veo bajar del escenario. La fiesta continuó, Samuel y los demás se fueron primero a buscar comida y bebida y yo me quedé cuidando de Aarón, entonces de la nada, ella camina hacia nosotros.
—Tú, ¿eres la nueva esposa de Samuel? — Dice en todo su esplendor mientras me mira. Asiento, y ella dice en uno de esos tonos sarcásticos. —No sabía que Samuel tuviera ese gusto por las mujeres, no me extraña que siempre fuera tan raro.
Esta mujer es directamente grosera, acaba de decirle eso a una desconocida que acaba de conocer. Eso está muy fuera de lugar.
Mientras tanto, antes de darme cuenta, Aarón se acerca a esa mujer y le abraza las piernas.
—¡Mamá! ¡Te echo de menos! — Dice en un tono bastante infantil, a diferencia de su tono habitual. Pero la reacción de ella es algo que nunca había imaginado.
Mueve literalmente las piernas de forma brusca, haciendo que Aarón caiga al suelo. Inmediatamente le ayudo a levantarse y luego, con una mirada siniestra, empieza a hablar.
—Vaya, vaya, ¿quién puede ser? ¿Mi hijo con Samuel? — Hace una mueca antes de acercarse a Aarón.
—Escucha, muchacho, nunca te he reconocido como mi hijo, nunca quise un hijo con ese bastardo, y tú, nunca eres mi hijo a mis ojos— dice eso sin vacilar.
Veo la expresión desconsolada de Aarón, me duele verlo herido.
Entonces, por reflejo, estallo y le doy una bofetada.
—¡Cómo has podido decirle eso a tu propio hijo! — Le digo medio gritando, debe haber llamado bastante la atención porque varias cabezas empiezan a girarse hacia nosotros.
Estoy demasiado enfadada para preocuparme por lo que piensen esas personas. Para mí, los sentimientos de Aarón son más importantes.
—¡Tú! ¿Cómo te atreves? Ella levanta las manos, intentando devolverme la bofetada. Pero la bofetada no llega.
—¿Así trata un anfitrión a su invitado? — Oigo una voz que no reconozco. Abro los ojos y veo a un hombre rubio con ojos violetas. No, son más bien azul transparente, es un color tan extraño.
—¡Peter! — Dice sorprendida, parece que sí reconoce a ese hombre.
Ese hombre llamado Peter le suelta la mano inmediatamente. Y entonces, oigo la voz de Samuel acercándose.
—Ya basta Margareth— me doy la vuelta para verle venir hacia nosotros. —Sabes que no voy a tolerar que alguien se burle de mi mujer y mi hijo— tiene una mirada aguda en la cara. Nunca había visto una expresión tan aterradora.
—Ahora, Samuel, solo estaba... saludándolos— su voz tiembla ligeramente, ser intimidada por dos hombres poderosos en este momento debe tener ese efecto incluso en una dama tan poderosa supongo.
—¡Bien! — Me lanza una última mirada antes de marcharse.
—Peter, gracias— Samuel saluda a ese hombre y ambos intercambian una sonrisa amistosa.
—Tanto tiempo sin verte, Samuel.
—Parece que esta vez acabas de volver de Suiza.
—Me conoces bien.
Permanezco confusa mientras los dos hombres intercambian palabras. Luego, sus miradas vuelven a Aarón y a mí.
—Aarón, Damaris, ¿estáis heridos? — Veo preocupación en los ojos de Samuel al decirlo. Niego con la cabeza y Aarón hace lo mismo.
—Por cierto, Damaris, éste es Peter, mi amigo y socio desde hace siete años, cuando empecé a construir mi imperio.
Este hombre debe de haber hecho mucho por Samuel y viceversa, más me vale ser respetuosa.
—Encantado de conocerte.
—Llámame Peter.
—Sí, Peter— nos miramos fijamente durante un minuto antes de que Samuel me interrumpiera.
—Ah, creo que es hora de que nos vayamos a casa, Aarón tiene colegio mañana y después de todo lo que ha pasado esta noche, es mejor que nos vayamos cuanto antes— Asiento con la cabeza, quiero decir, vamos, no quiero volver a ver a esa mujer.
—Vámonos a casa.
CELIA
—¡Cómo te atreves! — Veo como Margareth intenta abofetear a Damaris. Entonces, le veo a él, Peter, sujetando las manos de Margareth.
Peter... ha vuelto, ¿verdad? Ese tipo, después de irse sin decir nada durante dos años. Ahora simplemente vuelve.
¿Cómo podría olvidarlo? Después de lo que me hizo hace dos años. Cuando me dejó con la que era su prometida en ese momento. Ese hombre, ¿cómo puede volver sin vergüenza?
Mi hermano está siendo muy amistoso con él, hay algo en mí que no me gusta.
Pero dejándolo a un lado, Damaris es una mujer feroz cuando se trata de proteger a sus seres queridos. La apoyo por eso. Supongo que me alegro de que mi hermano haya encontrado una mujer adecuada que no va detrás de su dinero.
—Ahora, ¿en qué está pensando? — Me doy la vuelta y veo a Rafael allí de pie. En serio, ¿por qué me sigue este tipo?
—No pongas esa cara, sólo he venido a acercarme amistosamente, ¿sabes? — Se acerca a mí.
—¿Qué quieres? — Le fulmino con la mirada. No estoy de humor para atender otro problema.
—Tú, por supuesto— al oír esas palabras, estoy a punto de darle un puñetazo en la cara cuando continúa.
—Quiero llevarte a una cita.
Respiro profundo al escuchar esas palabras, caramba, este tipo es molesto.
—
—No salgo con hombres más jóvenes— no es mentira, nunca he salido con un chico más joven, no tengo ningún interés en hacerlo.
—Entonces, inténtalo conmigo— se acerca a mí, y su cara está cada vez más cerca.
Por reflejo, le doy una patada donde me duele y me salgo de su alcance.
—¡Eso duele!
Con mi habitual calma y serenidad, le respondo.
—Te lo mereces.