Intento ponerme de pie pero el dolor de mí muslo lo impide, por lo que tomo fuerte su mano. Observo como ella pestañea algunas veces y cierra los ojos. —¿Amor? ¿De que hablas? —pregunto asustada. —Veo borroso, no lo sé —dice frustrada. —Tranquila, bebé. Quizás es la luz de repente, estarás mejor —suspiro—. Llamaré al médico. —¡No! —la miro sin entender—. Si lo llamas hará que te vayas y te necesito. —No voy a irme de tu lado. Pero no puedo levantarme para acariciarte, solo podemos darnos la mano por ahora —ella intenta levantarse pero niego—. No, quédate ahí. Ella se queja cuando intenta girar su rostro para mirarme. Noto como intenta enfocar su vista pero lo único que logra es volver a cerrar los ojos.—¿Que sucedió? —No lo sé, me desmayé antes que tu —bromeo—.

